En esta etapa de pensionado, vivo sin el acoso de los saltos del reloj ni el horario del trabajo; tengo el silencio del tiempo para hablar conmigo y con los recuerdos de las cosas bellas. En el río de la memoria navega la imagen sonora de la voz y la ternura de mi madre, la maestra Juana Mindiola de Atuesta. Recuerdo aquella tarde de mi infancia, caminaba con ella en Mariangola: me detuve a mirar el cielo y en las ventanas del arcoíris descubrí la sonrisa de Dios. Ese instante fue la revelación de la poesía.
Desde entonces la poesía es mi alimento y catarsis espiritual. Vivir es una victoria que Dios nos ha regalado. El ser humano está dotado de talento, esa capacidad para realizar determinadas acciones, como consecuencia de la aptitud o habilidad que se tenga, además del conocimiento y la experiencia. Lo importante es descubrir ese talento, y en eso juega un papel determinante la Escuela. Los padres son los responsables de formar a sus hijos en principios y valores, y en los hábitos del bienestar físico y anímico.
La Escuela tiene entre sus funciones determinar un plan de estudio y propiciar el desarrollo integral de la personalidad de los estudiantes; y asimismo fortalecer el desarrollo de las inteligencias relacionadas con la creatividad y la inteligencia intrapersonal para conocer aspectos profundos de la personalidad. La creatividad (‘crear en ti la vida’), es descubrir que somos seres talentosos, soñadores y creadores que valoramos la vida. Promover la educación artística a temprana edad es formar personas con una sensibilidad que les permita elevar el espíritu, conocer su yo interior, sin dogmas y con amplio criterio. Un amante del arte desarrolla una dimensión






