Por estos días, una noticia de EL PILÓN llamó mi atención. En el barrio Los Fundadores, Wilmar Ojeda, un líder comunal, recuerda cómo cuatro alarmas comunitarias ayudaban a proteger a sus vecinos. Bastaba una llamada para alertar al barrio y a la Policía. Hoy esas alarmas están mudas.
Y me puse a pensar que este no es un caso aislado. Basta recorrer Valledupar para encontrar parques con juegos dañados, canchas deterioradas, cámaras de seguridad que no funcionan, semáforos con alguna luz apagada, señales de tránsito descoloridas o caídas, calles llenas de huecos y rejillas de alcantarillado pluvial tapadas o con elementos sueltos. Ni hablar de algunos colegios públicos, donde nuestros niños deben soportar el calor por falta de abanicos, pupitres dañados y baños en mal estado.
¿Qué tienen en común todas estas situaciones? La falta de mantenimiento. Quienes hemos tenido la responsabilidad de administrar una empresa sabemos que comprar un equipo es apenas el comienzo. Hay que cuidarlo, revisarlo y mantenerlo funcionando. De lo contrario, termina convertido en chatarra y toca volver a invertir. Y casi siempre reparar a tiempo cuesta mucho menos que reemplazar.






