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Valledupar; tierra de diplomas sin valor

Como estudioso empírico de la historia y amante de la misma, uno de mis refugios muy habituales es la lectura de crónicas antiguas. Hace poco, releía «El río Cesar», libro muy reconocido donde el viajero francés Luis Striffler relata su paso por nuestra tierra en el siglo XIX, aproximadamente en el año 1876. Al llegar […]

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Como estudioso empírico de la historia y amante de la misma, uno de mis refugios muy habituales es la lectura de crónicas antiguas. Hace poco, releía «El río Cesar», libro muy reconocido donde el viajero francés Luis Striffler relata su paso por nuestra tierra en el siglo XIX, aproximadamente en el año 1876. Al llegar a lo que hoy en día es el corregimiento de Valencia de Jesús, Striffler escribió una frase que se me quedó grabada a fuego: “Valencia es tan pobre, que allí no vale tener dinero: no se pudo conseguir nada; ni aun yerba para los animales”. Aquella paradoja de tener con qué pagar, pero no encontrar nada para subsistir, me rondó la cabeza durante varios días.

Fue entonces cuando la realidad me golpeó en la cara con una semejanza brutal. Miré a mi alrededor y pensé que en Valledupar sufrimos hoy una condena invertida, pero igual de dolorosa, y lo manifiesto al estilo de Striffler para que quede marcada de manera sempiterna en nuestra memoria colectiva: «Valledupar es tan pobre, que los títulos profesionales solo nos sirven para decorar los marcos en las paredes de las salas y los estudios; aquí el conocimiento no vale nada porque no hay dónde entregarlo».

Hoy escribo estas líneas siendo testigo de ello; lo digo desde las entrañas de mi propia vida. Lo vivo a diario en mi hogar, en la mirada cansada de mis amigos y en la frustración de tantos conocidos. A mi alrededor hay gente brillante, preparada, con títulos técnicos, de pregrado y posgrado, con años de desvelos y sacrificios familiares a sus espaldas. Son personas con una voluntad insondable de trabajar y poner su saber al servicio del país, pero que jamás han recibido su primera oportunidad laboral.

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