La construcción de la paz es un asunto de la humanidad en su conjunto que requiere el esfuerzo y participación de todos los estamentos de la sociedad colombiana sin distinción, interpretada, entendida y aplicada en su integridad como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, según el artículo 22 de la Constitución Nacional, como base fundamental para encausar y enderezar el camino del sosiego con verdadera justicia social y reconciliación; razón primordial por la cual urge con pronta y decidida acción orientada al fortalecimiento de las organizaciones y el robustecimiento de espacios de participación para que la comunidad tenga incidencia en el difícil reto de desarraigar el ímpetu del beligerante de la violencia y ojala por fin hacer una realidad el sueño que todos anhelamos “la Paz para Colombia”, cristalización de este propósito que conlleve sin equívoco alguno a la materialización de la prosperidad y desarrollo para todos.
En el marco contextual de esta reflexión se invoca y exhorta a los ciudadanos en general de este país a transitar por un escenario en el que impere la real democracia con garantías plenas para quienes actúen en la actividad político – social y de esta manera abrir nuevos espacios para el ejercicio de la misma. En la estructuración de esta propuesta encaminada hacia el logro de la paz, se hace necesario, urgente y vital construir una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia, no estigmatización ni menos discriminación.
Cuando tratamos esta temática que involucra al conflicto y posconflicto que vivimos, todos los colombianos tenemos que contribuir en el avance de procesos que permitan desarmar los espíritus rencorosos y belicosos, especialmente por razón de la acción política y social en el marco de la civilidad. Para ello es indispensable la puesta en marcha de mecanismos y acciones que incluyan el diseño y ejecución de un programa coherente de reconciliación, convivencia y prevención.





