Los cuentos infantiles que por lo general comienzan con la trillada frase: “Érase una vez”, pero para el caso nuestro, debería comenzar irónicamente con la frase: “Érase otra vez”. Pues si recapitulamos en la historia de nuestro municipio en lo que hace a los últimos alcaldes, son muchas las veces en las que la primera autoridad del municipio, ha sido objeto de sanciones por faltas disciplinarias o penales cometidas en el ejercicio de sus funciones.
En este orden de ideas integran la deshonrosa lista: Johnny Pérez Oñate (1998-2000), Rubén Carvajal Riveira (2008), Luis Fabián Fernández Maestre (2009-2011), Fredys Socarras Reales (2012-2015) y Augusto D. Ramírez Uhía (2016-2019), los dos últimos con investigaciones pendientes. Pero si por allá llueve, por los lados del departamento no escampa. De la lista de nombres de los gobernadores del Cesar que han sido sancionados se encuentran: Lucas Segundo Gnecco (1992-1995 y 1998-2000) Rafael Bolaños Guerrero (2001-2003), Hernando Molina Araujo (2005-2007), Cristian Moreno Panezo (2008-2011) y su sucesor Luis Alberto Monsalvo Gnecco, condenado en primera instancia, y a la espera de lo que se decida en la segunda.
La lección que nos deja todo esto, es que si el ejercicio del poder representa un riesgo para quien lo ejerce, el riesgo se maximiza cuando el aspirante al cargo de elección popular tiene una investigación pendiente, como en el caso de Monsalvo Gnecco, que a pesar de esta situación no tuvo problemas en obtener el aval de la U, y eso le permitió inscribir su candidatura a la Gobernación. Ahora que se encuentra separado del cargo, dejando al departamento en el peor de los escenarios, cómo si con el coronavirus no tuviéramos suficiente.





