COLUMNA

La patria milagro

El proceso de empalme entre gobiernos debe respetar la institucionalidad y la ley, mientras que la conformación del nuevo gabinete abre interrogantes sobre el rumbo político y la coherencia entre el discurso de campaña y las decisiones de gobierno

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No volveré a escribir sobre el gobierno entrante, hasta tanto esté debidamente posesionado y sus decisiones hayan pasado de los acalorados anuncios a actos jurídicos, susceptibles de observaciones, reconocimientos o críticas. Hoy nos ocupan unos comentarios sobre el empalme y conformación del equipo ministerial.

Sorpresivamente, el presidente electo anunció que suspendía el empalme, incumpliendo la Ley 951 de 2005, la cual fija las reglas para la entrega y recepción de asuntos entre una administración entrante y la saliente. El mandato es obligatorio, independiente de las tensiones políticas, garantizando la continuidad de los recursos públicos, los cuales no son de quien gana, sino de todos los colombianos.

Entonces, independiente de la legitimidad o no que algunas prácticas electorales despierten en los sectores políticos enfrentados, el empalme es obligatorio. Así que, a ponerse serios y a restablecer las mesas bilaterales, porque una cosa será la payasada de la campaña y otra, a veces muy distinta, las decisiones que se tomen frente a los requerimientos de un gobierno serio.

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