COLUMNA

La patria de los invisibles

Son invisibles no porque no existan. Son invisibles porque rara vez los miramos. Y esa diferencia importa.

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Hay una Colombia que no sale en los discursos, pero sin la cual no podríamos levantarnos cada mañana.

No aparece en los grandes titulares. No ocupa las primeras páginas de los periódicos. No suele sentarse en los salones donde se toman las decisiones que determinan el rumbo del país. No tiene escoltas, ni micrófonos, ni oficinas con grandes ventanales desde donde contemplar la nación. Pero está ahí.

Está en el campesino que se levanta antes de que salga el sol para trabajar una tierra que muchas veces no le pertenece. En la mujer que abre su pequeño negocio mientras todavía buena parte de la ciudad aún duerme. En el vigilante que pasa doce horas custodiando una puerta que otros atraviesan sin siquiera mirarlo. En el trabajador que madruga, en el estudiante que trabaja después de estudiar y en la madre que convierte el cansancio en una forma cotidiana de resistencia.

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