“Tengo el corazón alegre, como una fiesta de pueblo”, así clama la letra de la canción ‘Relicario de besos’ de Fernando Meneses, interpretada por el Binomio de Oro, Rafael Orozco y el ‘Pollo Isra’; homenajeados en la versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata este año 2026. Ni la muerte logró desunir a este par de colosos en su trabajo por el folclor vallenato. Así, con el corazón alegre, nos sentíamos los vallenatos en el preámbulo de la inauguración de nuestra magna fiesta, la fiesta de acordeones y canto; el festival del mundo, de versos y poesía.
El sábado 25 de abril se dieron cita en el Parque de la Leyenda más de 100 Willys y otros tantos carros decorados vistosamente con elementos que identifican nuestra tierra: acordeones, cajas, guacharacas, flores de cañaguate, trinitarias, música vallenata a ‘to’ timbal’ y el adorno más bello, tierno y decidor, la mujer vallenata, que en esencia son todas las mujeres de cualquier rincón del mundo que pisan nuestro suelo. Un desfile apoteósico.
‘Pachín’ Escalona es un enamorado de esos carros, tiene varios; y es justamente ese amor por esas reliquias el que le incitó a crear un desfile para recorrer las calles de Valledupar promoviendo el Festival y sirviendo como preámbulo a la inauguración del evento más importante, la fiesta folclórica del mundo.
Los comentarios iban y venían, la expectativa crecía, el Valle se sentía bonito y su gente más amable que nunca; “¿por dónde pasa el desfile?”, se preguntaban, y comenzaron entonces a desempolvarse los atuendos: salieron las guayaberas adornadas con imágenes del Valle; volvieron los sombreros vueltiaos, los liquiliquis elegantes y de blanco para acompañar a la mujer con su radiante traje para bailar en el desfile de piloneras.
Por lo pronto, la expectativa estaba centrada en el desfile de los “Willys parranderos” de ‘Pachín’. Cada quien concertaba la ubicación con la familia, con los amigos y visitantes: “¿dónde nos vemos?”. La gente estaba pendiente; desde el Pedazo de Acordeón, cualquier sitio era bueno: parque El Viajero, la 12 hasta llegar a la cuarta, Los Algarrobillos, la glorieta de Los Músicos, el parque de La Vida. Un desfile para todos los gustos.
Y comenzó la vaina; encabezando el desfile iba Rodolfo Molina, a su lado Israel Romero Ospino, ‘el Pollo Isra’; más atrás le seguía Clemente Escalona y su familia, saludando y mostrando orgulloso sus carros. Hoy nos corresponde a los vallenatos darle las gracias a Clemente Escalona, gracias ‘Pachín’; gracias a Rodolfo Molina, a la Fundación en pleno, todos sus miembros; este es otro de esos eventos que engrandecen nuestro Festival, como las piloneras y los concursos en sus diferentes categorías.
Los Willys llegaron a Valledupar en la década de los setenta —mi papá siempre tuvo uno de los más viejitos— y se metieron en el corazón de los vallenatos; antes eran nuestros taxis y colectivos, los usaban para parrandear por las calles y el campo de nuestra región, ahora son unas reliquias que adornan el Festival Vallenato.
Llegan de muchas partes del país, los traen para recorrer las calles y entender que, si en otrora fueron construidos para la guerra, en el Valle se usan para la paz, para parrandear, darle colorido y enaltecer con su historia la posteridad de nuestro país vallenato. Con todo, ‘Pachín’. Sólo eso.
Por Eduardo Santos Ortega Vergara
