Imagine que mañana recibe su salario y descubre que ya se lo gastó. No porque alguien se lo haya robado, sino porque usted ya había comprometido ese dinero antes de recibirlo: la tarjeta de crédito, el préstamo, los servicios, las compras y otras obligaciones. Al final, trabaja para pagar lo que gastó ayer. Con un país puede ocurrir algo parecido.
Colombia entra en una nueva etapa política con unas finanzas que requieren especial atención. Hay un déficit, deuda, inflación y muchas necesidades por atender. Y a esto se suma un desafío enorme: la reconstrucción después del terremoto.
Además de la tragedia humana, viene una tarea gigantesca: reconstruir viviendas, colegios, hospitales, vías e infraestructuras. Y todo eso cuesta dinero.





