La famosa Cañahuatera no era sino una hermosa y seductora chimichagüera. “Yo te quiero con el alma y el alma nunca se muere”, decía el compositor vallenato Isaac Carrillo (Tijito), frase que tomo como punto de partida para reflexionar sobre la existencia humana en relación con ciertos temas de la física cuántica, hoy tan mencionados —a veces de forma cantinflesca— en discursos de moda que intentan explicar al público asuntos profundamente científicos y filosóficos.
En el vallenato, esos músicos y compositores del común —silvestres, diría yo—, sin formación académica rígida, pero con una intuición poética aguda, suelen dejar en sus versos destellos metafísicos que a veces superan a los grandes pensadores cuando hablaban de la inmortalidad de la conciencia o del alma. Curiosamente, es una idea que hoy la física cuántica intenta explorar desde otros lenguajes.
Un ejemplo es aquella sencilla canción que se volvió éxito hacia 1967, dedicada a una Cañahuatera —una hermosa chimichagüera nacida en las playas de amor de La Zapatosa—, musa de Isaac Carrillo para componer versos románticos, nostálgicos y de profundo corte filosófico, como lo haría cualquier pensador existencialista o estoico en sus momentos de meditación:





