COLUMNA

La elegía de la promesa de paz total

Escribir y desnudar la realidad de nuestro país ante la agonía de su pueblo es un riesgo.

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En tan solo cuatro días consecutivos, tres departamentos del suroccidente colombiano vivieron la escalada terrorista más violenta de los últimos años: un saldo trágico de 20 muertos en más de 37 acciones armadas dejó varios militares y civiles heridos. Esta embestida criminal en Cauca, Valle y Nariño se atribuye a las disidencias del Estado Mayor Central (EMC), bajo el mando del peligroso criminal alias Iván Mordisco.

El accionar de los grupos violentos, que se enfrentan entre sí y contra unas fuerzas del orden que ya parecen un espejismo de lo que fueron hace algunos años, demuestra la capacidad de los ilegales para imponerse sobre la institucionalidad. Debido a estos hechos, los colombianos vivimos con un miedo profundo, una percepción de inseguridad que hacía décadas no se sentía.

Hoy Colombia transita una completa elegía: el luto de aquel breve respiro de paz que alguna vez nos permitió recorrer regiones sin temor de ser víctimas de grupos violentos que se han enseñoreado del país y la promesa del actual gobierno por lograrla para siempre. De poco sirve entregar tierras a campesinos si no existe seguridad que los proteja de los criminales que operan en los campos y proliferan en las ciudades, alimentándose como parásitos de la extorsión, el secuestro y demás actividades ilícitas que golpean sin cesar a los comerciantes. Por ello, toda la nación entona una elegía a la promesa de “paz total” que nos ofreció el gobierno de Gustavo Petro.

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