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“Junta de Paz” escepticismo y esperanza 

Quienes lamentan el debilitamiento del derecho internacional asumen una posición bisoña, porque esta discrecionalidad no se creó para que los países poderosos la respetaran ¿o acaso es oculto el derecho al veto en la ONU que tienen China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia?

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Quienes lamentan el debilitamiento del derecho internacional asumen una posición bisoña, porque esta discrecionalidad no se creó para que los países poderosos la respetaran ¿o acaso es oculto el derecho al veto en la ONU que tienen China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia? En su reemplazo surge un mundo de imperios rivales, cada uno imponiendo su propia esfera de influencia. Para Estados Unidos, esa esfera es el continente americano. 

Nadie está dispuesto a defender el antiguo orden internacional porque tal orden nunca existió. El excepcionalismo de las grandes potencias lo destruyó. La aquiescencia del mundo ante los horrores de Gaza enterró de forma decisiva cualquier autoridad moral. La atribución de hipocresía generalizada solo sería desmentida si existiera una acción global concertada para reemplazarla por algo más justo y equitativo. 

La nueva “Junta de Paz” del presidente Trump para resolver conflictos globales ha suscitado un fuerte escepticismo en algunos aliados estadounidenses, y los críticos la califican como el último ejemplo de sus esfuerzos por desmantelar el sistema internacional de posguerra. El imperio trumpiano concibe el nacimiento de un nuevo orden mundial. Uno en el que potencias cada vez más autoritarias utilizan la fuerza para subyugar a sus vecinos y robarles sus recursos. El orden internacional basado en reglas ahora es más como la ley de la selva. Según Bloomberg News la administración Trump está pidiendo a los países 1.000 millones de dólares para que se inscriban en la “junta de paz.

La nueva “Junta de Paz” del presidente Trump crea un rival de las Naciones Unidas. “Una vez que esta junta esté completamente formada, podremos hacer prácticamente lo que queramos, y lo haremos en colaboración con las Naciones Unidas”, dijo el presidente Trump el jueves pasado en Davos. Sin embargo, con ironía resaltó: “Sabes, siempre he dicho que las Naciones Unidas tienen un potencial tremendo. No lo ha usado.”

Inicialmente la misión de la junta parecía formar parte de la visión del presidente Trump. No obstante, los miembros la definen como un “nuevo órgano internacional de transición” que ayudaría a supervisar la reconstrucción del enclave palestino tras la guerra. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apoyó formalmente la junta en una resolución redactada por Estados Unidos en noviembre del año anterior, otorgándole la fuerza de legitimidad internacional, al menos hasta finales de 2027. ¿Sin embargo, quién detiene la probable anexión territorial de Groenlandia por Estados Unidos?

En Davos algunos gobiernos europeos, plantearon dudas sobre la legitimidad de la junta, su estructura de liderazgo y su relación con las instituciones multilaterales existentes. Líderes del Reino Unido, Bélgica, Italia y los Países Bajos, dijeron que no firmarían la carta en su forma actual, por preocupaciones por el precedente que lo establecería y por el moribundo derecho internacional.

La ‘junta de la paz’ de Trump parece buscar un mandato más amplio más allá de Gaza. Aunque se lanzó como parte del alto el fuego en Gaza, Trump imagina la junta como un “enfoque audaz para resolver conflictos globales”. Sin embargo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu expresó su oposición a la junta ejecutiva de Gaza, afirmando que su composición “no estaba coordinada con Israel y va en contra de su política”. No deja de ser crítica la situación ni disminuye la incertidumbre de la gente, “la junta” de Trump tiene la obligación de revertir la incredulidad. 

Por Luis Díaz

@LuchoDiaz12

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