¡¡¡Esa fue mucha escapá!!!, casi que una bala de grueso calibre me lleva por delante y al menos me destruye el carro y pone en peligro el bien más preciado que tenemos como es la vida, en mí ya larga, pues el 19 me caen 86. La bala a la cual me refiero no sale de un .38 o una .45, menos de una ametralladora, sino que tiene dos llantas y un potente motor y es dirigida por un ser irresponsable que a velocidad espeluznante se sopla sin tener que ver ni con su vida, ni la que lleva de parrillero, del peatón en general y menos con los que salimos, con mucha prevención, del Conjunto Residencial Rosas del Ateneo, que todos los días estamos expuestos a un “balazo”, porque los señores motociclistas se soplan por el hueco que tiene en el medio el reducidor de velocidad que con tanta eficiencia y rapidez nos instaló el exalcalde y ahora congresista “El Mello” Castro y que para que lo reparen, no ese sino muchos en calles y carreras, ha sido una lucha infructuosa que ha chocado con la indolencia de oídos tapados y ojos cegatos de la autoridad competente, que sea quien sea, está bajo el mando y autoridad del señor alcalde Ernesto Orozco, “el que arregla esto”, que se le está pasando el tiempo y solo se ocupa de obras grandes y fastuosas, olvidándose de las pequeñas, que son tantas, que si no las corrige pasará como otro más, sin que se le recuerde como todavía recordamos a su ídolo Rodolfo, el alcalde que transformó a Valledupar arreglando cosas pequeñas.
He puesto obstáculos en el hueco, pero muy rápido los motociclistas los quitan; para prueba de ello tomé fotos y las envié a EL PILÓN y ojalá las publiquen para que se den cuenta que no es mentira mía, ni ganas de joder.
Al cambio observó que el barrio San Joaquín, concretamente en la carrera 13 entre las calles 10 y 7, más o menos hay instalados más de 50 reducidores de velocidad, sin explicación técnica ninguna.





