Tomando como referencia el periodo comprendido entre 1990 y 2025, encontramos las siguientes variables. Los años noventa estuvieron marcados por una pobreza estructural persistente, impulsada por la informalidad laboral, la desigualdad territorial y las limitadas oportunidades para ascender económica y socialmente. La crisis económica de 1999 provocó uno de los mayores retrocesos sociales de la historia reciente del país. El desempleo superó el 20 %, la pobreza se disparó y buena parte de la clase media tocó la puerta de las condiciones de vulnerabilidad.
Entre 2003 y 2014, Colombia vivió el periodo de mayor reducción de pobreza monetaria en las últimas décadas. El crecimiento económico, el auge minero-energético y la expansión de programas sociales permitieron que millones de personas mejoraran sus condiciones de vida. Estos vientos favorables fueron sorprendidos por otros huracanados de la pandemia de COVID-19, que con su fuerza logró interrumpir los avances alcanzados durante más de una década. La aparición de la pandemia trajo consigo pérdida de empleos, la caída del ingreso y el aumento de la informalidad, abriendo y profundizando las brechas sociales y territoriales.
Con el paso de la tormenta, desde 2021 el país ha mostrado una recuperación gradual de sus indicadores sociales y económicos. Colombia puede mostrar una cifra positiva: en 35 años redujo la pobreza monetaria de cerca del 53 % a alrededor del 31 %. Sin embargo, detrás de esa mejora estadística persiste una realidad incómoda: el país sigue siendo profundamente desigual.





