COLUMNA

Guerra de epítetos

No hay cosa que penetre más en el fuero interno de las personas que la mentira, y un epíteto lo es.

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El epíteto es al incapaz lo que la muralla es al canalla. Es una brocha envenenada para deformar una Gioconda y desaparecer de un plumazo la grandeza de Leonardo da Vinci. Desde 2018, cuando se dio la oportunidad de tener un gobierno progresista alimentado con tesis de la izquierda, se desató una ola de epítetos para comparar lo que hipotéticamente sucedería en Colombia si este llegare a ganar; p.ej., que quedaríamos como Venezuela. Surgió el epítetocastrochavismo” que repetían como una letanía hasta los sectores más vulnerables de la población y otros no tanto, pero les encanta vestirse de lacayos —esos que precisamente Petro quería proteger si llegaba a ser presidente de la República—;todos a una, como en Fuenteovejuna, recitaban como si fuera una letanía: Petro es castrochavista.

No hay cosa que penetre más en el fuero interno de las personas que la mentira, y un epíteto lo es. En cambio, pocos corean la verdad; qué difícil es enseñarla. Hoy, pese a que ni Castro ni Chávez viven, Uribe, que es un experto en expresiones disruptivas, sigue utilizando sus pasados, exhumando sin respeto sus cadáveres, con el respaldo de un rebaño amorfo que corifea sus consignas “epítetas”. Mas, los trazos de la “Mona Lisa” son fuertes e indelebles que mantienen los conceptos de sus adversarios y sobrevivirán porque un concepto no es un grafiti.

Desde niño escuché que la oligarquía colombiana era la más preparada de América Latina; eso lo hacía a uno sentirse orgulloso. Qué absurdos tiene la niñez. Hoy sabemos que eso no es cierto; puede ser muy astuta y capaz de utilizar todas las formas de lucha para ganar elecciones; el fraude electoral ha sido siempre una de sus sapiencias y el arma mejor y más utilizada, aunque muchas veces no se sientan seguros de ganar con este procedimiento; es ahí cuando acuden al asesinato aleve, como pasó con Gaitán y Pizarro, solo para citar los más evidentes, y como se rumora que pretendieron hacer con Petro y ahora con Cepeda, ya que algunos furibundos ventrílocuos así lo han expresado.

Cada vez se nota más la ausencia argumentativa de los más audaces representantes de la derecha; la dialéctica no es para esta, es una virtud negada. La falsa información, el lenguaje de bodegas anónimas, la vindicta contra el oponente, las prefabricadas acusaciones jurídicas por dentro y fuera del país, son un compendio de silogismos que esgrimen en ausencia de un expediente de propuestas para gobernar; al país solo le proponen guerra y odio, esa es su cantera electoral.

En una nación que se ha matado entre sí, esta oferta sabe a postre. Si somos honestos, ¿por qué no hablar del petrokeynesianismo o del petrojusticialismo o del cienciopetrismo? Pero, si de epítetos se trata, si ese es el pan de cada día, el maná milagroso, podríamos elaborar otros que han alimentado su base ideológica y su accionar como castañouribismo, paracouribismo, escobaruribismo, palomopitufismo y muchos otros “insultismospeyorativos que a ellos les caerían como anillo al dedo.

Por: Luis Napoleón de Armas P.

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