Acabamos de vivir un fin de semana de esos que preferiríamos devolver, resetear o simplemente cambiar. Lamentablemente, esa no es una posibilidad. Más de cinco jóvenes perdieron la vida o se debaten entre la vida y la muerte, y otros tantos adultos se agregan a las cifras de accidentalidad en la región.
Muchos de quienes manejamos automóviles solemos decir ramplonamente que el problema son los motociclistas, que no respetan, que se vuelven kamikazes, etc. Es claro que esa es solo una parte mínima de la realidad. Varios elementos contribuyen y, en este espacio breve, analizaremos algunos de ellos.
Por supuesto, es importantísimo que los motociclistas respeten las normas y entiendan que su pelea contra los otros vehículos es la de la piedra con el huevo, donde, independientemente de quién lo provoque, el huevo siempre perderá. Esto, para que, por un lado, eviten provocarlos y, por otro, muy especialmente, sean ultracuidadosos con los otros conductores y no protagonicen titulares que reflejen el sufrimiento de las familias, que difícilmente se recuperan de las consecuencias. Uno de los primeros aspectos que el motociclista debe aprender es que, en una doble vía, si el carro que va adelante se ha detenido para ceder el paso (en una salida de parqueadero o un cruce), ellos, que vienen detrás, también deben detenerse. Simple lógica básica que muchas veces, en salidas de parqueos, causa múltiples sustos o accidentes.
Igual va para los demás conductores, un poco de empatía no nos hace daño, por el contrario, si aprendemos a ceder y a compartir la ruta, es muy posible no solo que nuestras vías sean más seguras, sino también que nuestro tráfico sea mucho más fluido.
La Secretaría de Tránsito, por su parte, debe contribuir revirtiendo algunos cambios que, en vez de mejorar la movilidad, la destruyen; por ejemplo, ese cambio de doble carril a uno, justo en la intersección de la carrera 11 con calle 17, vía oriente-occidente. Allí se destruyó la posibilidad de que quienes crucen a la derecha lo hagan tranquilamente sin afectar a quienes continúen en sentido norte-sur. ¿Resultado? En vez de fluir, se arman cuellos de botella. También se deben revisar otros puntos, por ejemplo, las calles aledañas a la cancha de Las Flores. Es hora de convertirlas en una sola vía: una con sentido oriente-occidente e impedir el cruce de quienes transitan en sentido sur-norte, de tal forma que solo sea usada por quienes salen de la glorieta y que quienes quieran tomar la vía en sentido occidente-oriente usen la del otro costado.
Mientras la Gobernación hace una campaña fabulosa para que los propietarios de vehículos los registren en las secretarías de los municipios, Valledupar convirtió un supuesto impuesto administrativo y de carácter ocasional (solo cuando se utilizara el servicio) en algo permanente que, además, no ingresa directamente a las arcas del municipio, sino a las de un privado que ofrece poca claridad en el manejo y la motivación de dichos fondos. Así, quienes, entendiendo que su rodamiento es en Valledupar, quieren pagar los impuestos en Valledupar se encuentran con un cobro extra y confuso. Si efectivamente fuese directamente a las arcas del municipio, gozaría del descuento del 99 % aprobado por el Concejo para quienes adeudan impuestos de años anteriores, ¿cierto? Pero, si lo revisan, observarán que ese no es el caso con la famosa concesión. Si eso no es suficiente, resulta que, en vez de contribuir con nuestros impuestos a que se mejoren las vías y, con ello, la movilidad, el dinero se está usando para aumentar el deterioro diario de los vehículos con los muchos reductores (más bien destructores de alineación, amortiguación y sistemas vehiculares) que a veces se encuentran y hacen equipo con los muchos huecos que cada día crecen, cual si tuvieran vida propia, alimentados por el agua y el uso constante, en nuestras calles. También sería aconsejable adelantar campañas cívico-pedagógicas serias o mejorar las señales.
Se acaba el espacio, pero no la temática. Es hora de que todos asumamos nuestra responsabilidad en la mejora de este caos vehicular: gobiernos, conductores y ciudadanos en general. Cambiar las cifras, disminuir el dolor de muchas familias es tarea de todos.
P. D. Un abrazo solidario a todas las familias afectadas y al conjunto de Kbeto.
Por: Cenaida Alvis






