Manuel Zabaleta Jiménez, nuestro entrañable <> Zabaleta, acaba de cerrar su última partida. Esta vez sin consultar al compañero, sin contar las fichas y, lo más doloroso, sin posibilidad de desquite.
Guajiro de nacimiento, de las entrañas de El Molino, tierra de juglares y parrandas, primo del legendario compositor Armando Zabaleta, hizo de Valledupar su otra patria chica. Hombre recio, de carácter firme, serio sin ser antipático y afable sin perder su autoridad. Ejerció la jefatura seccional del DAS en el Cesar y cumplió una prolongada trayectoria de servicio público.
Pero no pretendo escribir su biografía. Prefiero recordarlo donde los hombres se muestran sin títulos, jerarquías ni solemnidades: alrededor de una agradable mesa de dominó. Fue circunspecto pero sociable.






