Una vez más, sectores de la juventud progresista y de izquierda en Colombia amenazan con hacer “invivible” el país tras la derrota electoral del pasado domingo 21 de junio. Videos como el que circula en redes, donde una joven militante del Pacto Histórico declara con euforia que “somos una plaga”, no son un desliz: son la expresión clara de una mentalidad autoritaria disfrazada de rebeldía.
Exigen derechos a gritos, pero callan cuando se trata de cumplir deberes. Protestar es un derecho, pero destruir propiedad privada, bloquear vías principales, saquear locales comerciales y poner en riesgo la vida de los ciudadanos no lo es. Eso no es activismo; es vandalismo y sabotaje a la convivencia democrática.
Las manifestaciones que ya anuncian no pueden repetirse como un ritual de destrucción. Cada vitrina rota, cada negocio cerrado por miedo, cada carretera bloqueada representa familias sin ingresos, emprendedores al borde de la quiebra y trabajadores que pierden su sustento diario.
