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Estado: mal negocio en manos de la izquierda

Todo lo que toca la izquierda lo daña, lo pudre, lo destruye

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Todo lo que toca la izquierda lo daña, lo pudre, lo destruye. Sociedades completas como las de la Unión Soviética, la Alemania comunista, la de Cuba o la de Corea del Norte, sufrieron o sufren aún su maldita ideología. Es que sus exponentes, sus tiranos, no saben de gobernar, de llevar un negocio, no saben trabajar. La historia muestra que viven del estado, de herencias, de mecenas como fue el caso de Karl Marx -la causa de todos estos atropellos-, lo cierto es que no trabajan, no estudian, no saben de administración. El estado en sus manos huele a podrido, no presta sus servicios de manera adecuada, termina colapsando.

Lo que está pasando con la crisis de la salud, con la expedición de pasaportes, son dos claros ejemplos de lo que afirmamos antes. Primero, asumen que los recursos públicos son infinitos -cuando el Estado no tiene dinero per se, la plata es de los contribuyentes, de los empresarios, precisamente, de quienes ellos combaten-, si tienen que imprimir moneda lo hacen de manera irresponsable. El zurdo es obtuso, negado para madrugar a generar valor en una sociedad -y si no, miren las madrugadas de Petro y su constante impuntualidad en eventos públicos en los que se supone que nos representa y a los que nunca llega-. La izquierda solo sabe estar en la oposición, ejerciéndola a la brava, atacando a los gobiernos de turno, sus congresistas no se caracterizan por presentar proyectos de ley útiles, siquiera juiciosos, es que no trabajan. Fuman marihuana, toman trago, tocan guitarra y se rompen las vestiduras cuando vieron un país que ganó seguridad y prosperidad, les molesta ver una clase media emergente porque se desmarca de ellos.

Lo de la izquierda latinoamericana es exactamente igual a lo de los criollos en el proceso de independencia del Imperio español. Nos vendieron en la educación escolar una narrativa mentirosa, planteando que los criollos peleaban por los indígenas, por las negritudes, por los esclavos, por los pobres; ya en la universidad, en Historia del Derecho Colombiano, comprendí cómo ese proceso sólo buscaba que los criollos accedieran a un poder que les era esquivo por no ser 100 % españoles. Querían poder para ellos; los españoles, especialmente los de abolengo, les estorbaban, los limitaban a ser mandos medios en la administración pública. Por eso movilizaron a una sociedad de la que simplemente se aprovecharon para que diera sus peleas, para que muriera en batalla, para que los criollos, no los combatientes, ocuparan los más altos cargos del estado.

Algo muy similar sucede con la izquierda, actúan igual. Buscan idiotas útiles y los encuentran, con el agravante de que, llevan a sus ejecutorias el resentimiento y la ambición. Los Castro querían cambiar a Cuba para ser ellos quienes se enriquecieran a costa de un pueblo que en épocas de la revolución catalogaron como oprimido, para oprimirlo ellos, nada más. Lo mismo pasa en los demás casos, sólo cambian los apellidos. La guerrilla de este país no es diferente, se volvió narcotraficante, terrorista, violadora de derechos humanos, es criminal. Miren nada más que quienes asesinaron a Miguel Uribe Turbay ahora apoyan a un candidato presidencial, ¿de qué ideología? ¡De izquierda! A Cepeda, el hijo de Manuel Cepeda Vargas, otro guerrillero, a Miguel Uribe lo sacaron del camino porque era el enemigo a vencer, era quien podía, desde su ética y alto valor intelectual, destrozarlos.

Para completar, la izquierda es cobarde. Petro por lo menos hizo parte de los debates presidenciales de hace 4 años, así fuera para mentirle abiertamente a una nación plagada de jóvenes primeros votantes ingenuos. Ahora, por tener el “rabo de paja más grande de la historia”, Cepeda se niega a los debates porque sabe que allí, con argumentos sólidos, lo vuelven “ropa de trabajo.” Por eso esquiva esa obligación, al igual que su paso por el Congreso, plagado de inasistencias y desplantes. No saben trabajar, no les gusta estudiar.

Mientas tanto, seguimos lo de Irán esperanzados. ¡Apoyamos una Irán libre y sin teocracias de izquierda!

Por: Jorge Eduardo Ávila

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