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Entre la espada de Cepeda y la pared de Abelardo

Cuando el corazón apunta hacia un lado y la orientación política hacia otro, el ciudadano termina atrapado exactamente ahí… entre la espada de Cepeda y la pared de Abelardo.

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Luego del arribo al territorio cesarense del denominado “Tigre”, el candidato presidencial Abelardo de la Espriella, son muchas las interpretaciones y consecuencias políticas que dejó su intervención en la Plaza Alfonso López del municipio de Valledupar.

Más allá del discurso, quedó evidenciado un importante poder de convocatoria y un entusiasmo inusitado por parte de sus seguidores, quienes acudieron masivamente a la cita política del pasado domingo 17 de mayo. Desde aproximadamente las tres de la tarde, bajo un inclemente sol y soportando las altas temperaturas derivadas del fenómeno climático que golpea actualmente a la región, cientos de personas comenzaron a concentrarse en la plaza.

Ni el calor sofocante impidió que la multitud se extendiera más allá del legendario “Palo’e mango”, ese termómetro popular vallenato que, históricamente, pareciera definir cuándo un candidato realmente logra conectar con el pueblo.

El “Tigre” se mostró enérgico, desafiante y contundente. Especialmente cuando hizo referencia —directa o indirectamente— a uno de los grandes barones políticos del Cesar: Ape Cuello. Una relación que hoy parece atravesar uno de sus momentos más tensos y en la que, por ahora, no se vislumbra ningún tipo de acuerdo político.

Y es que Ape Cuello ha demostrado durante años, elección tras elección, que sigue siendo uno de los grandes caporales electorales del departamento. Su estructura política continúa teniendo un importante número de simpatizantes y seguidores, quienes hoy enfrentan quizá uno de los escenarios más incómodos políticamente hablando.

Porque para muchos de ellos resulta evidente que, por convicción ideológica, existiría una mayor afinidad con candidaturas como la de Abelardo de la Espriella o incluso la de Paloma Valencia, figuras con las que comparten posturas más cercanas en temas políticos y de país. Sin embargo, la postura firme de Abelardo y sus reiterados ataques contra quien hoy es el representante político reelecto para el periodo 2026–2030 han dejado a buena parte de esas bases en una profunda contradicción.

Muchos de los seguidores del llamado “Equipo Azul” se han caracterizado históricamente por su abierta oposición a la izquierda colombiana. Durante años han sido críticos férreos del gobierno del presidente Gustavo Petro, rechazando muchas de sus decisiones y mostrando posiciones que parecían irreconciliables con ese sector político.

Pero hoy el panorama cambia abruptamente.

El golpe político llega cuando, desde las directrices superiores de su organización, se les plantea respaldar la candidatura oficialista de Iván Cepeda. Y allí aparece el gran dilema: ¿qué hacer ahora?

¿Tragarse el sapo, como coloquialmente se dice, y alinearse disciplinadamente con la decisión del jefe político? ¿O mantenerse firmes en sus convicciones ideológicas, incluso si eso implica ir en contravía de las instrucciones de su máxima figura electoral?

Lo cierto es que el ambiente deja ver incomodidad. Aunque en redes sociales muchos intentan mostrarse alineados con las directrices del partido y de su líder natural, los gestos y semblantes en los recientes encuentros políticos parecieran contar otra historia. No se percibe el entusiasmo de una militancia convencida, sino más bien el peso de una decisión políticamente obligada.

La política, al final, también termina siendo un escenario de emociones, egos, lealtades y contradicciones.

Y mientras en redes ya se observan imágenes del “Tigre” mordiendo al otro “tigre”, la gran pregunta sigue abierta: ¿quién terminará imponiéndose en esta puja de poder y estrategia?

Pero quizá la pregunta más difícil no sea esa. Tal vez la verdadera pregunta sea la que hoy muchos militantes del Equipo Azul se hacen en silencio: “¿Y yo qué hago?”.

Porque cuando el corazón apunta hacia un lado y la orientación política hacia otro, el ciudadano termina atrapado exactamente ahí… entre la espada de Cepeda y la pared de Abelardo.

Por: Arq. Iván Alonso Carrillo Ávila

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