“Siempre el insulto indica el tamaño del cerebro, entre más insulto menos cerebro”. Juan Camilo Restrepo, un consumado estadista e intelectual, exministro y profundo conocedor del país, en especial de las ciencias económicas, le salió al paso a las críticas que intentan ridiculizar los discursos leídos, porque para él tiene más valor leerlos, porque queda constancia y el candidato asume mayor seriedad y compromiso a la luz del voto programático.
Hoy por hoy impactan más los memes que las propuestas, pero la movilización social y las plazas públicas predominan y no pierden vigencia, como termómetro en la disyuntiva entre la abstención y el derecho a sufragar, ambas expresiones de esencia democrática.
La democracia no solo se expresa con el voto, también con la abstención, que es más espontánea y refleja más opinión, tan necesaria para discernir con criterio en los avatares de la política y en un mundo subsumido en la inversión de valores, porque cuando los valores se invierten, la sociedad se envilece.
No hace falta apelar al viejo refrán: “Hacemos del criminal un mártir y del fanatismo un santo” o proclamar próceres en defensa de la patria y la democracia, convertida en frase de cajón, equiparada a la palabra de mayor uso en la retahíla de Don Juan de la Cosa, navegante y cartógrafo español, cuando reseña que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, pero que una cosa y otra cosa son toda la misma cosa” y, que “cosa” es posiblemente la palabra más usada de la lengua castellana.
Y viene toda una urdimbre por determinar cuál es la mejor ideología, sin duda la que más respeta la vida y la naturaleza y procura la equidad, pero el imaginario colectivo se enfrasca en la izquierda y la derecha, estigmatizándose los unos a los otros, entre capitalismo y comunismo, conceptos revaluados si visualizamos al gigante asiático y aterrizamos en China, país que ejerce un capitalismo de competitividad comercial sin atentar contra los valores, porque cuando la economía se divorcia de la ética, deja de ser ciencia y se convierte en instrumento de dominación incapaz de dignificar la vida.
Sobre el tema ideológico dictó cátedra en esta misma columna de opinión el respetado columnista Luis Napoleón de Armas, afirmando que ninguna ideología es mala, los malos son los intolerantes y diferenciando tres clases de ideologías: por convicción, por defensa de intereses o por distorsión cognitiva, porque está demostrado que “No hay malos caminos, sino malos caminantes; no hay malos sistemas de gobierno sino malos gobernantes“.
Otros más avezados decantan que no hay petristas ni uribistas, no hay izquierda ni derecha, solo existen corruptos sentados en el poder. La política, que no es otra cosa que la lucha por el poder, jamás ha respetado códigos de lealtad ni de coherencia.
Quien hace política con la mayor ética y buenas intenciones posibles no ignora que para lograr ese poder y llevar a término cualquier iniciativa, por justa que sea, tendrá que aliarse con gente en la que ni siquiera confía e ir muchas veces en contra de sus propias convicciones, entonces, no puede perseguir la corrupción quien se ha lucrado con corruptos ¡No tiene autoridad moral para hacerlo!
Y como no hay fecha que no se venza ni plazo que no se cumpla, llegó el día del día, con cuenta regresiva para finiquitar en primera o segunda vuelta la elección presidencial, prueba de fuego para Invamer, una de las firmas encuestadoras que vaticina el triunfo de Iván Cepeda en primera vuelta, con base en la intención de voto.
De acertar, Invamer repetiría la proeza de CELAG, una de las pocas firmas encuestadoras que vaticinó la elección presidencial de Gustavo Petro, acrónimo que traduce “Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica: estudia, investiga y analiza los fenómenos geopolíticos, económicos y sociales del continente”.
Por: Miguel Aroca Yepes
