La más reciente ley expedida en Colombia es contra el ruido, un clásico saludo a la bandera o letra muerta, un relato, una narrativa de la falsedad, una ley más.
Nuestro país, da vergüenza decirlo, se rige por 6 millones de leyes, porque cuando más corrupto es el Estado, hay más leyes. Los suecos gobiernan con cuatro leyes y lo hacen bien.
La ley contra el ruido es un adorno en la vorágine del mundo del mototaxismo vallenato, vocablo que, llevado a la RAE, significa remolino impetuoso que hacen, en algunos parajes, las aguas del mar, de los ríos o de los lagos, analogía que, en el imaginario colectivo, representa desorden y fatalidad en la movilidad.





