COLUMNA

El tigre y el jaguar

Una reflexión sobre el simbolismo político de los líderes, la polarización que ha marcado los últimos gobiernos y el desafío del presidente electo de gobernar un país dividido sin profundizar la confrontación

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El presidente electo se hace llamar el tigre. Este felino es un depredador solitario y formidable, de tamaño enorme, superagresivo y que incluye en su dieta a seres humanos. Algo de tigre tiene De La Espriella. Por su parte, Petro viene identificándose con el jaguar, aludiendo quizá al misterio que lo envuelve, a lo difícil que resulta su cacería, a su fuerza desproporcional y a su habilidad extraordinaria en la selva. Algo de jaguar tiene Petro. De manera que vamos para ocho años gobernados por felinos, entramos en la era de los therians.

Ahora vamos al tema real de la columna. Con una votación dividida casi milimétricamente fue elegido como presidente Abelardo De La Espriella, tanto así, que ha festejado con más mesura de la que lo caracteriza. Los dos últimos presidentes se han ufanado de los millones de votos con los que fueron elegidos, sin hacer mención de la cantidad similar de votos en contra, como si la aritmética no reflejara tanto lo uno como lo otro. Desde esa concepción comienzan un gobierno que creen legitimado para hacer solo lo que plantearon en campaña, sin hacer ajustes, sin tender puentes, sin aprovechar su momento histórico para aportar a la reconciliación del país, que es quizá nuestra suprema necesidad. Si así reflexionaran, hubieran evitado que siguiéramos cayendo en el agujero negro del odio y la polarización que tanto daño le han hecho a tantos países de la región.

Si bien Petro inició con un talante conciliador y estructuró una coalición que incluía sectores del centro político, pronto asumió una actitud sectaria y se radicalizó con un equipo de izquierda, en muchos casos sin más méritos que la pertenencia y la lealtad al partido de gobierno. Duque administró de comienzo a fin con un equipo de derecha que hizo muy bien la tarea de polarizar al país. Ambos estigmatizaron el centro, tan decisivo en segundas vueltas.

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