La Universidad Popular del Cesar (UPC) acaba de pasar por un proceso político en el que se dieron cita los estamentos que la conforman y que deben velar por su estabilidad y crecimiento. El pasado 26 de febrero de 2026, se celebró la denominada consulta estamentaria “para medir” el respaldo o preferencia de quienes representan esos estamentos hacia los aspirantes a la rectoría.
Más de veinte nombres. Esa cantidad de aspirantes buscando ‘salvar’ la universidad, con el entendido de que cada uno tiene en su haber la fórmula mágica para lograr la simpatía de los nueve miembros del Consejo Superior. ¿Qué habrá que gusta tanto?
Un representante del señor presidente, uno del ministro de Educación y de ahí para abajo uno de la Gobernación, representantes de los exrectores, docentes, administrativos, egresados, estudiantes y del sector productivo. Sobre ellos recae la responsabilidad de escoger bien al rector, con méritos e idoneidad para regentar el destino de esta alma mater. Pero si viene viciado de antes con las elecciones, es bastante complejo el actuar de los consejeros.
Algo se está haciendo mal y es lo que se debe revisar; lo primero, y es el análisis que desde esta nota pretendemos hacer, es la forma de llegar a cinco, y ese perverso modelo en el que la politiquería permeó el proceso. Ojo, la politiquería, y aquí el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Conversé con varios protagonistas: hablé con varios candidatos, estudiantes, docentes, un exrector y un consejero. Con autoridad de análisis. Todos coinciden en que lo visto en esta oportunidad nunca se había dado en la UPC y que se debe revisar el modelo de elección; que los protagonistas deben ser la inteligencia, la academia pura y la aptitud, es decir, la capacidad de los candidatos y no el jingle ni el color de la camiseta.
Para tal caso, los aspirantes deben ser académicos, intelectuales de primer orden, y no cualquiera por ahí que no tenga más nada que hacer.
Da grima ver cómo ponen a los estudiantes e incluso a los docentes a pelear por X o Y candidato; que uno es el candidato del rector, que otro es de Papá Pitufo, otro del cielo o del infierno, en fin. Intereses mezquinos e individuales; malas prácticas traídas a la universidad; mal ejemplo dado a los futuros profesionales. Craso error. Se evidenció la compra de votos; estaban ofreciendo hasta cien mil pesos a los estudiantes por votar. Increíble que esto pase en una gesta académica para escoger al rector de una universidad.
El ejemplo es el mejor modelo de enseñanza y estamos fallándole a los futuros profesionales; nos dejamos imbuir en esas malas destrezas de la politiquería y de querer venderle el alma al diablo para lograr su objetivo. Hubo de todo menos debate académico; solo un burdo discurso de menos de tres minutos en un auditorio vacío en el que el comité de aplausos que cada aspirante llevó fue evidente. Al final todos se iban con el candidato y el auditorio quedaba sin público.
Liberen a la universidad de la perversa politiquería; seamos modelos de transparencia y del buen actuar para los jóvenes. Si hay que escoger, que se haga por su intelecto, por su aptitud. Si seguimos así, nuestro futuro será aterrador. No hay derecho; respeten la universidad, respeten a los estudiantes y docentes, es lo mínimo que se debe hacer. Sólo Eso.
Por Eduardo Santos Ortega Vergara
