Los anales de la historia reseñan al exministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, caracterizado por emplear la exageración y desfiguración, vulgarización, orquestación y verosimilitud para desprestigiar y desdibujar la imagen del adversario, estilo que hace carrera en Estados Unidos con Donald Trump y en Argentina con Javier Milei.
Ese es el modelo que muchos quieren copiar, pero el respeto debe primar y está por encima de la chabacanería, porque el éxito, que puede ser flor de un día, la popularidad, el poder y el dinero no engrandecen al hombre, porque es la humildad lo que marca la diferencia y no la vanidad.
No puede ser sino vanidad lo que no sirve para la eternidad. Naturalmente que el modelo de Goebbels deslumbra a la mediocridad, que es excelente en los ojos de los mediocres, y en ese contexto hay médicos, abogados, ingenieros, pastores, curas, periodistas, arquitectos e intelectuales justificando lo injustificable.






