“Las batallas de afuera son espejos del adentro”
Marzo llega vestido de morado y de urnas. El 8 de marzo, Día de la Mujer, coincide con las elecciones legislativas en Colombia y, en el Cesar, el aire se siente más denso, más cargado de gritos que parecen venir de lejos pero que, en realidad, resuenan primero dentro de cada uno de nosotros.
Las guerras visibles, las que se libran en redes, en plazas, en debates televisados no nacen en los micrófonos ni en los tarjetones. Nacen en el silencio de nuestras propias trincheras internas. Cada vez que juzgamos con furia al “otro lado”, estamos mirando un reflejo distorsionado de lo que aún no hemos reconciliado en nosotros mismos: miedos heredados, veredictos que nos enseñaron desde niños, etiquetas que aceptamos para sentir que pertenecemos.
Reconocer esto exige valor. Porque admitir que mi juicio contra el “enemigo político” muchas veces es solo el eco de veredictos ancestrales o adquiridos que me obligan a orillarme para no quedar fuera del rebaño, duele. Duele soltar la ilusión de que yo estoy en el lado correcto y los demás equivocados. Duele recordar la frase constitucional que tantas veces olvidamos en la fiebre electoral: que prevalezca el bien general sobre el particular.
En el Cesar, donde el río baja sin pedir permiso a las orillas, esta verdad se vuelve urgente. Claudia Margarita Zuleta y Katia Ospino, mujeres aspirantes al Senado, desde perspectivas distintas, pero con la misma raíz cesarense, nos recuerdan que la coherencia no está en elegir un solo margen del río, sino en tender el puente que las une. Claudia trae la arquitectura del orden y la disciplina técnica; Katia, el fuego de la denuncia y la justicia que no calla. No son rivales; son dos pulsos de un mismo corazón territorial.
A la Cámara de Representantes aspiran mujeres grandiosas. Alexandra Pineda, Darling Guevara, Lina de Armas, María José Murgas y María Isabel Campo, quienes representan esa misma diversidad de acentos que, sin embargo, hablan del mismo suelo. Mujeres que no piden permiso para existir fuera de los guiones preescritos, que demuestran que el liderazgo femenino puede ser puente cuando otros cavan fosas.
Mi camino personal, desde que en 2019 colgué ropajes partidistas para recuperar la libertad de mi palabra, ha sido precisamente este: desprogramar los juicios automáticos, soltar resentimientos heredados que no me pertenecen, permitir que el amor sin condiciones tenga más espacio. Porque cuando trabajo lo de adentro, las batallas de afuera pierden su poder de dividir.
Este 8 de marzo, que el voto no sea un acto de revancha ni de pertenencia tribal. Que sea un gesto de coherencia: elegir a quienes, desde sus orillas, ayuden a que prevalezca el bien general sobre el particular. Que las mujeres cesarenses seamos las primeras en encender ese faro interno y recordarle al territorio que la verdadera victoria no es derrotar al contrario, sino reconciliarnos con nosotros mismos.
El florecimiento colectivo comienza siempre en el jardín secreto del alma.
Con gratitud por ese terruño ancestral que nos invita a mirar hacia dentro.
Yarime Lobo Baute.
Artista | Arquitecta | Mujer Cafam Cesar 2022
