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El Cesar votará este domingo: ¿será una verdadera democracia o un mercado de favores?

Hay una escena que se repite cada ciclo electoral en el Cesar con la precisión de un reloj suizo: es el político sonriente, camisa remangada, abrazando niños que no conoce y prometiendo futuros que no piensa cumplir.

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Hay una escena que se repite cada ciclo electoral en el Cesar con la precisión de un reloj suizo: es el político sonriente, camisa remangada, abrazando niños que no conoce y prometiendo futuros que no piensa cumplir. Detrás, su séquito de intermediarios ya tiene lista la logística de mercados empacados, billetes doblados en cuatro, planillas con nombres marcados como “comprometidos”. Todo perfectamente organizado. Casi admirable… si no fuera profundamente vergonzoso.

Lo hemos normalizado tanto que parece parte del folclor electoral, como si las elecciones vinieran con tamal, camiseta y sobre cerrado incluidos. Pero detrás del espectáculo hay una práctica que no tiene nada de pintoresca y sí mucho de corrosiva: el famoso clientelismo. Esa forma elegante de llamar “gestión política” al intercambio de favores por votos.

Este 8 de marzo elegiremos congresistas. Y tal vez la pregunta no sea por quién votar, sino por qué seguimos votando igual, esperando resultados diferentes. Porque si ya sabemos cómo funciona el libreto, no podemos fingir sorpresa cuando el final vuelve a ser el mismo.

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