COLUMNA

Dividan al país

La propuesta puso los pelos de punta a la gente y por supuesto unos se indignaron más que otros, pero más allá del momento político que se vivía entonces, esa propuesta que para muchos es el reflejo de clasismo y racismo que se vive en el país debe ser estudiada con más detenimiento.

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Hace no mucho la hoy candidata Paloma Valencia propuso que el departamento del Cauca fuese dividido en dos, uno para los blancos y otro para los indígenas. La razón, un sector del departamento (la de los indígenas) vive paralizando el departamento a cada momento, bloquean carreteras, se toman la ciudad de Popayán a cada rato y otro sector muy grande está lleno de guerrillas y narcotráfico lo que hace que más de medio territorio viva en constante atraso y aleja la inversión, de hecho, todas las empresas migraron al Valle del Cauca buscando mejores condiciones y las encontraron, bajo esa premisa ¿Qué es lo que hace que esta situación se viva en medio país?

La propuesta puso los pelos de punta a la gente y por supuesto unos se indignaron más que otros, pero más allá del momento político que se vivía entonces, esa propuesta que para muchos es el reflejo de clasismo y racismo que se vive en el país debe ser estudiada con más detenimiento y buscar profundamente las motivaciones que llevan a plantearlas, por supuesto no será en esta columna pero lo que sí puedo es hacer es una radiografía de lo que se vive en la sociedad incluso más allá de las fronteras que convirtió lo que debía ser posturas ideológicas y/o políticas en un enfrentamiento de clases, ricos contra pobres, negros contra blancos, indios contra criollos y ya vamos incluso en feos contra lindos, pero peor aún, cercenando cualquier postura que no elija alguno de los dos bandos. Me explico:

Lo que siempre fue una competencia entre dos corrientes de pensamiento de cómo se debía dirigir el Estado y por supuesto, la Nación, desnudó otras intenciones que hicieron resurgir profundas heridas que se creían superadas, por un lado, un sector que sigue viendo al otro como inferior, venido a menos, indigno de cualquier consideración, sin derechos e incluso con suficiente desprecio como para eliminarlo físicamente sin ningún asomo de humanidad. Y por otro lado, los que bajo esta realidad consideran que tienen todo el derecho a vivir en el desorden, sin leyes, sin control del Estado arropados en un discurso de resarcir derechos cercenados, devolver la dignidad a los explotados y hacer un Estado más justo y más equitativo, esta se supone que es la puja; sin embargo, todos sabemos que se envileció a lado y lado y lo que nos ofrecen ambos movimientos son extremos peligrosos que de llegar al poder agudizarán los odios y podemos volver a oscuros tiempos que no quiero recordar.

¿Cuál es el país con el que sueñan ambas corrientes? No quisiera creer que los que se alinean a lo que se denomina “extrema derecha” el país que quieren imponernos sea un Estado totalitario, militarista, una sociedad segregada que no merece nada diferente al repudio y a la eliminación física porque definitivamente piensa diferente, y por supuesto todos son unos delincuentes que cohonestan con los grupos armados ilegales. Y, por otro lado, un Estado asistencialista, cimentado sobre la base que los ricos tienen mucho y por tanto hay que dividir la riqueza entre lo que menos tienen, que todo aquel que haya construido capital se lo robó a los pobres y por ende hay que quitárselo, ambos pensamientos quieren llegar al control del Estado para imponernos su propio modelo de gobernar; ahora bien, alguien se ha preguntado ¿Cómo puede progresar o tener estabilidad y paz un país que debe elegir entre estos dos extremos? ¿Y qué pasa con los que no queremos ninguno de los dos modelos? ¿Nos debemos conformar con votar en blanco o elegir a alguien que se disfraza de moderado pero que termina gobernando en uno de los dos extremos?

Pero es que debemos ponerle sentido común al tema, los impuestos que nos sacan de los bolsillos irán a parar a manos de un gobierno (uno de los dos) que usará el poder del Estado para imponernos un modelo que la mitad no apoyamos, y en vez de plantearnos vías de consensos, de participación real en las decisiones del Estado, de mecanismos idóneos de planificar lo que un país necesita, todo indica que ninguno de los dos modelos es capaz de hacerlo, por lo menos eso es lo que nos han demostrado.

Por: Eloy Gutiérrez Anaya

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