COLUMNA

El Cesar no aguanta otra bonanza perdida

El Cesar ya sabe cómo termina una bonanza mal aprovechada: con nostalgia y sin obra. El poder está prestado y el reloj ya empezó a correr.

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El Cesar no ha sufrido por falta de oportunidades. Ha sufrido por lo que hizo con ellas. Unas vinieron desde lo público, otras desde lo privado y otras tantas, no tan santas. Hoy tenemos una nueva, y es la más frágil de todas: la del poder. Viene con fecha de vencimiento.

Hagamos memoria. Primero fue la bonanza algodonera. Luego la marimbera. Después la minera. Y hay una que no ha dejado de crecer: la de la corrupción y los negocios ilegales, que convirtió al departamento en corredor de dineros que llegan, compran y se van. Cada bonanza trajo plata. Pocas dejaron capacidad. Y plata sin instituciones es fiesta con guayabo.

Ahora vuelve la bonanza gubernamental. Ya la vivimos con Duque, con varios paisanos en altas posiciones. Hoy, con Abelardo de la Espriella, regresa. Los nombres sobran: María Consuelo Araújo, embajadora en Washington; Indalecio Dangond, ministro de Agricultura; Orlando Dangond Baute, en la Agencia de Desarrollo Rural; Carlos Eduardo y María Isabel Campo Cuello, en el ICA y en Fontur; Nerio Alvis, en la ESAP; Amat Zuluaga, en el Servicio Geológico. Y muchos más que no caben en los renglones de esta columna.

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