¿Cuántas monedas quedan de las vueltas del billete de la vida?
Ya ni siquiera hay ahorros que mitiguen la necesidad de todo, de un todo ya quebrado por los golpes del camino, un camino bifurcado, muchas veces con engaños, induciendo a que lo fácil siempre sea un bello atajo. Como lenguas de serpientes, encantadoras con sus silbidos, sigilosas mientras andan susurrando mi destino.
Hoy rebusco en mis bolsillos y mi alma temerosa, escondida de tormentos, ya vencida como el día, que permite la caricia del ocaso que se asoma, con silencio y con tristeza, quien le da la bienvenida a la noche que me arropa y que simula compañía.
Hoy escribo como un día, el tercero de agonía, detallando lo que siento, con tristezas muy humanas. El tercero que me indica en apariencia la esperanza de tenerte de regreso, mi gran pequeña princesa. Todo avanza y todo fluye, un día menos, dice ella. Ella que me abraza y que me da fuerzas en la lucha, aunque a veces no la escuche y desespere en mi cordura. Ojalá que el cuarto día al que dedique en este diario me complazcas con tu risa y me acompañes cuando escriba, cuando escriba tu regreso y me cuentes qué soñaste, aunque en tus sueños con fiereza afrontaste pesadillas.





