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Diario de una ausencia (primer día)

En medio del dolor por la ausencia de su hija, el autor convierte el silencio, la esperanza y el amor incondicional en un diario íntimo donde la fe y los recuerdos sostienen la espera del esperado reencuentro.”

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Está el día triste, como debe estar. Escucho en mi silencio la caída de una lágrima en el abismo del corazón, donde habita, sin seguridad, el alma, donde habita el viento, donde se guardan los recuerdos tristes y también los tormentos, en donde la ausencia ingrata de la risa breve se olvida y se burla de mis sentimientos y, con la oscuridad, me abraza dejándome ahogado, con mi último aliento.

Cuando el dolor toca el alma y la impotencia de sortearlo se vuelve más fuerte que cualquier soplo de vida, hasta las lágrimas escasean cuando más las necesitas, pero solo basta una para ahogarte en la tristeza, para que el último suspiro navegue acompañando el viento que arrastrará la barca un día por el Río Leteo, el famoso Río del Olvido. Solo basta una para ahogarte en silencio, solo basta una…

Agonizo porque quiero de nuevo verte, porque el recuerdo que se agita en mi pecho no se olvide nunca, e imploro para que, al menos el mío, aunque sea en susurros, puedas escucharlo en donde estés. ¡Oh, mi princesa pequeña! Aquí habitas en mi corazón, y aprieto tu mano esperando que vuelvas con tus ojos grandes, con tu pelo rojo, que encandiles el cielo con tu luz intensa, y que pongas celoso hasta al sol. Te acompaño en tus sueños, porque no hay espacio ni tiempo que exista. Para decirte al oído mientras duermes mi hermosa princesa que no hay distancia que el viento no pueda abarcar y a él le he pedido que transporte mis besos, que te colmen de vida y amor sin cesar. Que transporte mi alma, aunque quede sin ella mientras te visita al lugar donde estás.

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