Cualquiera menos Petro. Bajo esta premisa elegimos en las pasadas elecciones al peor presidente de la historia reciente del país; el desprecio, terror, incertidumbre y odio que dibujaron en el imaginario colectivo contra un candidato alternativo, nos llevó a un gobierno que en retroceso de la historia le apostó al fracaso de la paz, a la inequidad, a la selectividad de la justicia; con un único logro, para desgracia de sus adeptos políticos, como lo es el estruendoso cataclismo electoral de su partido político.
Al decir del profesor Gilberto Tobón Sanín, el Centro Democrático pasó de ser el partido que ponía presidentes, para ser ahora el que los quita. A cada campaña llegaron como la mala hora, arrastrándola al fracaso con la misma rapidez con que saltaban a otra.
Comenzaron con la Cabal y en medio de la mezquindad que no los dejó gobernar exitosamente se fueron para donde Oscar Iván Zuluaga, un buen ciudadano, al que trituraron entre el regionalismo del gran jefe y los entuertos contractuales de la familia Char, de ahí brincaron a las huestes de Federico Gutiérrez, quien, a pesar de contar con toda la institucionalidad y los poderosos clanes regionales, perdió la opción apenas se declaró afecto al uribismo.





