Las elecciones de Congreso que se presentaron el pasado 8 de marzo ya nos permiten analizar los resultados. Uno de los que más llama la atención es que las mayores votaciones tanto para Senado como para la Cámara de Representantes fueron para lo que, quienes desinforman, denominan los extremos. Aquí no hay extremos, aquí hay posiciones.
Los extremos aparecieron cuando a Tony Blair, expremier británico, se le ocurrió la estúpida idea de hablar de la “tercera vía”. Blair ahí empieza a hablar de un supuesto centro, que acoge ideas que, sencillamente, vienen de los idearios de izquierda y derecha. ¿Será que Blair pensó que, por sumar ideas de ambos sectores, éstas se anulaban y quedaban en ceros? ¿Será que esa fue su teoría de la existencia de “el centro?” Puede ser, pero es absurdo. Lo que creó fue una teoría tonta, para que personas como él y, dicho sea de paso, como “el tartufo” Santos, tuvieran la excusa perfecta para “darle gusto a todo el mundo” y así, se eternizaran gobernando. ¿Recuerdan aquella frase de Santos cuando afirmó que “no estoy de acuerdo con la reelección, pero debo reelegirme para consolidar los acuerdos de paz”? Ahí se ve claramente la ecuación: mi intención es hacer ver que no estoy de acuerdo con algo y logro, de alguna manera, camuflarlo, para llevarlo a cabo y sacarle provecho a “eso” que no es tan popular. ¡Nos creen pendejos!
Pues bien, en el Senado, el Pacto Histórico obtuvo la mayor votación con un segundo lugar del Centro Democrático y, en Cámara, sucedió exactamente lo contrario. Partidos como el de “la U” y el Liberal, cada vez se desdibujan más; en el primero su cabeza de lista, Juan Felipe Lemos, se quemó, mientras que, en el segundo, María Paz Gaviria, la número 100 en el tarjetón, también se chamuscó. Esos partidos tibios, que se acomodan “al árbol que más sombra les dé”, no gustan del elector colombiano por estos días. De ahí sus pobres resultados.
En cambio, donde se exponen ideas -que puede uno controvertir o no compartir, pero son ideas-, en esos partidos, los votos evidenciaron un apego popular. Y eso está bien: hay que tomar posición frente a los temas nacionales, hay que polemizar, analizar, hay que perder el miedo y jugársela por una determinada ideología.
De Fajardo ni hablemos, no merece la pena. De hecho, me pregunto: ¿quién es Fajardo? ¿Dónde anda? Estará tomando té con Santos y María Ángela Holguín -su desaguisada pareja-, viendo cómo salen los 3 del atolladero inventando que los extremos -que ellos mismos se inventaron- son lo peor de lo peor. Fajardo está totalmente invisibilizado y la selección de su compañera de fórmula, Edna Bonilla, no le ayuda, lo sigue hundiendo. Ese es el centro en Colombia, el hazmerreír de nuestra política.
Aquí las opciones claramente son dos: sacar a Colombia del hoyo en el que se encuentra, con ideas de neoliberalismo, poco estatismo y un sector empresarial fuerte que tribute y cree empleo, o la segunda, en la que todos terminemos como funcionarios públicos, con el Estado hiperendeudado, sin salud, ni educación, ni vivienda, sin crecimiento económico, miserables, mejor dicho, como la Cuba que pretende Cepeda.
Mientras tanto, muy respetuosamente quiero referirme al hecho de que Paloma Valencia, Iván Cepeda y su fórmula a la vicepresidencia Aída Quilcué y Clara López Obregón, mantengan sus curules de Senado activas, estando en plena campaña para la Presidencia de la República. No comparto este manejo, su rol de senadores se ve directamente afectado por estar enfocados en ganar las próximas elecciones. La platica de los colombianos hay que cuidarla, hay que exigirles a los funcionarios públicos que cumplan con sus labores y en este caso no debe ser diferente. Ellos deben renunciar a sus curules y dedicarse de lleno a sus campañas. Ya deberían haberlo hecho, pero, ya que no ha sucedido, presionaremos desde esta columna para que suceda. Además, en detrimento de los demás candidatos, éstos tienen una mayor exposición a los medios por obvias razones, rompiendo el equilibrio entre ellos, no es justo. Ya veremos qué pasa con este tema…
Por: Jorge Eduardo Ávila
