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 Joe Kent expresó lo que piensa

Toda guerra genera disidencia. La mayoría se la guarda para sí misma. Algunos se marchan discretamente.

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Toda guerra genera disidencia. La mayoría se la guarda para sí misma. Algunos se marchan discretamente. Muy pocos expresan abiertamente lo que piensan. Joe Kent sí lo hizo. El director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos no se escudó en eufemismos que procuran acoplar con el argumento sobre “desacuerdo político”. Fue contundente con su afirmación: “Irán no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos”. También sugirió que la guerra estaba siendo impulsada por la presión de Israel y su lobby.

Joe Kent no es una figura secundaria, participó en múltiples misiones de combate y perdió a su esposa en la guerra. No es ajeno a las consecuencias de estas decisiones. La pregunta obvia es: ¿cuántas personas más piensan lo mismo y permanecen en silencio? 

Estados Unidos y el gobierno del presidente Donald Trump no carecen de información; lo que le falta es gente dispuesta a actuar en consecuencia. Las agencias de inteligencia elaboran evaluaciones minuciosas. Los informes para el Congreso son detallados. Nada de esto es mera especulación. Las explicaciones son conocidas: disuasión, estabilidad, seguridad; el mismo lenguaje utilizado en Vietnam, Irak y Afganistán. Suele aparecer pronto y perdurar mucho después de que las consecuencias sean evidentes.

La decisión de Joe Kent tiene precedentes. En 1947, mientras Estados Unidos debatía el reconocimiento de Israel, el secretario de Estado George C. Marshall se opuso a la postura del presidente Harry Truman. Marshall había dirigido las Fuerzas Armadas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial y participó en el diseño de la Europa de posguerra. Le preocupaba que el reconocimiento de Israel en esas condiciones condujera a una inestabilidad y un conflicto a largo plazo.

Truman desestimó a Marshall. En aquel momento, la decisión se presentó como moralmente necesaria. En retrospectiva, algunas de las cosas sobre las que advirtió se han sido materializado. La guerra actual con Irán sigue el mismo patrón, y la política se moldea por las alianzas y las presiones internas. 

El 17 de junio de 2008, el Centro de Estudios Internacionales y Regionales organizó una conferencia a cargo de John Mearsheimer y Stephen Walt. La conferencia se basó en el libro de Mearsheimer y Walt, El lobby israelí y la política exterior estadounidense. Walt describió el papel especial que desempeñan los grupos de interés en la política estadounidense, demostrando que el lobby israelí era una de las fuerzas más influyentes en la política estadounidense. Mearsheimer concluyó que, al menos en un futuro próximo, había pocos motivos para el optimismo respecto a un cambio en la arraigada relación entre el lobby israelí y la política exterior estadounidense.

¿Por qué Estados Unidos está en guerra con un país que sus propios servicios de inteligencia no consideran una amenaza inminente? Lo hizo saber Joe Kent. 

Existen varias respuestas posibles: compromisos de alianza, presión política e impulso institucional, un sistema que tiene dificultades para distinguir entre sus propios intereses y los de sus aliados o el objetivo de fondo no es simplemente debilitar a Irán ni forzar un cambio de régimen, sino salvaguardar el flujo del petróleo, elemento vital para preservar las rutas energéticas que sustentan el orden económico mundial.

Solo hay una forma de poner fin a esto: que Trump y Netanyahu dejen de bombardear Irán. 

@LuchoDiaz12

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