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Contrato malhadado (Primera parte)

El contrato con Cajanal fue el comienzo de la hecatombe de la Clínica Valledupar, ya que no solo menoscabó su misión y visión, sino también su ética y su prestigio, por el incumplimiento de Cajanal en hacer el pago que le correspondía según el contrato concertado

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La Clínica Valledupar hizo un contrato con la Caja Nacional de Previsión Social (Cajanal) en liquidación para prestarle servicios de salud integral a sus afiliados. Me opuse a tal contratación porque, en las contrataciones con entidades oficiales, sus funcionarios suelen ser falaces y cínicos. Yo había tenido la mala experiencia con la atención médica prestada a los afiliados de la Caja de Previsión Social de Comunicaciones (Caprecom), cuyos funcionarios evadían el pago de mi trabajo con múltiples artimañas, con el propósito de recibir coimas.

La mayoría de los socios de la clínica optaron por atender a los afiliados de Cajanal. Algunos de los socios dijeron que yo me oponía porque tenía salarios fijos en el Hospital Rosario Pumarejo de López (HRPL) y en el Instituto de los Seguros Sociales (ISS). Además, atendía a mi clientela particular, a los afiliados de Colsanitas y Coomeva Medicina Prepagada y también a los que tenían pólizas aseguradoras de salud; en fin, que yo era egoísta con los colegas socios con pocas fuentes de ingresos.

El contrato con Cajanal fue el comienzo de la hecatombe de la Clínica Valledupar, ya que no solo menoscabó su misión y visión, sino también su ética y su prestigio, por el incumplimiento de Cajanal en hacer el pago que le correspondía según el contrato concertado. Esto fue acumulando una deuda que dejó a la clínica sin flujo financiero para funcionar debidamente.

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