A medida que se acercan las elecciones, solo a un grupo muy reducido de la sociedad le interesa lo que pasará con el proceso a Congreso el próximo 8 de marzo; hoy, el común denominador de las conversaciones es sobre quién será el próximo presidente de la república y, por supuesto, las pasiones están a la orden del día. Desde ya hay una puja entre los que se cierran ciegamente a que Iván Cepeda sea el presidente y, por otro lado, los que desearían que el abogado De la Espriella sea el que se siente en el solio de Bolívar. Como ya se los dije en una columna pasada, ninguno de los dos va para ningún lado, pero para centrarme en mi análisis, les diré desde mi perspectiva por qué Iván Cepeda no será presidente.
Varias cosas: la primera es que, como cada cuatro años, la izquierda está en una guerra sin cuartel entre ellos mismos, pero esta vez están peor porque, como algunos lograron acceder a espacios de poder y otros no, el nivel de traiciones, ataques y saboteo es de Padre Señor Mío; al final terminará fracturándose y por venganzas entre sí, la izquierda (la no petrista), terminará yéndose con sus votos para la centroizquierda y serán “el yoli” que inclinará la balanza en la segunda vuelta. La segunda es que Cepeda irradia miedo, porque no ha ocultado su verdadera tendencia de corte marxista – leninista muy afín a los modelos de gobierno que se inclinan al comunismo.
Hoy su fortaleza se basa exclusivamente en que el votante raso lo ve como “el de Petro” y, nos guste o no, el presidente Gustavo Petro marcó en la última encuesta del CNC (Centro Nacional de Consultorías) publicada en enero del año en curso, una imagen favorable del 42.1% lo cual es anormal en un presidente prácticamente con el sol a sus espaldas y comparado con la imagen de Iván Duque y Juan Manuel Santos, que terminaron con desaprobaciones casi cercanas al 70 % o más. A pesar de los escándalos que sacudieron al gobierno y la pobreza de la gestión de su gabinete y del gobierno en sí, mantener el respaldo de casi la mitad de sus electores en términos electorales suma mucho; adicionalmente, Cepeda nunca será bien visto por la mayoría de los empresarios; por ejemplo, los gremios ven con recelo que un eventual gobierno de extrema izquierda genere mayor inestabilidad institucional y crisis económica, precisamente por sus posturas frente a temas como el fracking, la industria extractiva o energética y su cercanía e inocultable relación con la dictadura cubana como muestra de ello.
Quienes llevaron a Petro a la presidencia saben que, si Iván Cepeda es candidato en segunda vuelta, pierden la presidencia con cualquiera de los candidatos que salga triunfante en la primera vuelta, por la sencilla razón que la centroderecha, el centro y una gran mayoría de la centroizquierda no votaría por él y eso no lo van a permitir. Es por ello que Iván Cepeda quizás ni logre presentarse a la primera vuelta y para ello deberá antecederle un acuerdo entre Roy Barreras y el mismo Gustavo Petro para que, de cualquier manera, facilite que Cepeda no sea candidato y así los votos petristas purasangre terminen apoyando a Roy y este gane la presidencia. Si esta negociación no se da, entonces una mayoría de la izquierda, incluso del centro y cuidado de la misma derecha, le votaría a Roy en la consulta para sacar a Iván Cepeda del camino, ya que en segunda vuelta tendríamos a un candidato de la centroizquierda, y uno de la centroderecha, disputando la Presidencia y eso da mayor alivio para todos porque cualquiera de los dos que se alce con el triunfo tiene la maniobrabilidad para sentarse tanto con la derecha uribista como con la izquierda cepedista a hacer unos acuerdos de gobernabilidad. De lo contrario, solo tendremos con Abelardo revanchismo, y con Cepeda continuidad del gobierno Petro.
Finalmente debo decirles que, aunque no me consta, pero tampoco lo niego, a los presidentes los escogen para que el pueblo los elija, y Cepeda no está en esa lista. Ah, y Abelardo tampoco.
Por Eloy Gutiérrez Anaya
