Creo que a muchos alguna vez nos ha pasado considerar un irrespeto, por parte de un doctor, el llegar tarde ante un llamado de emergencia, o que un funcionario se equivoque realizando sus funciones, creyendo que el recibir una remuneración a cambio de lo que hacen es suficiente para no cansarse, no equivocarse y vivir siempre con la camiseta puesta.
Mientras algunos estudiantes piensan en una profesión, con la que desean comprometerse, otros eligen una profesión que represente una oportunidad para conseguir un contrato. Mientras unos se casan con alguien con quien desean comprometerse hasta el último día de sus vidas, otros aprovechan la oportunidad para contraer matrimonio con alguien que les permita subir de estrato social. Un compromiso es permanente, las oportunidades no llegan todos los días, por lo tanto, la única oportunidad que debes aprovechar, es la de adquirir un compromiso que te dure toda la vida.
Es fácil juzgar al empleado que nos atiende y está un poco distraído, pero no permitimos que nuestra familia nos juzgue cuando queremos descansar o estamos desentendidos de las labores del hogar. ¿Vale más un contrato laboral por recibir un salario, que un vínculo de consanguinidad por el cariño de nuestros seres amados? En ese orden de ideas, el dinero nos hace fuertes, pero el amor, nos hace débiles, toda vez que quien recibe dinero, debe estar siempre dispuesto a cumplir, pero en la familia y el hogar, todas nuestras debilidades pueden salir a relucir.
Hoy día las familias tienen más pleitos, demandas y discusiones, que las empresas, y es debido, a que se le ha otorgado más valor al dinero, que al compromiso con aquello que se ama. ¿Nos hemos convertido en una sociedad enferma de amor por el dinero? Pareciera que si hay dinero, todo tiene sentido, pero en su ausencia, ¿para qué vivimos? Muchos justifican las discusiones familiares con haberlo dado todo, mientras otros se aprovechan de su buen corazón, cuando en realidad, están ocultando todos sus miedos, errores, incompetencia, fracasos e intereses egoístas, esperando siempre que su buen corazón sea recompensado, con una jugosa donación.
Algunos padres se quejan de sus hijos olvidando que nunca les dieron educación; pasan de ser una gran bendición para convertirse en una tediosa obligación. Es triste que el resultado de una vida sin compromiso y dedicación termine en culpar a otros por un coraje que nunca se encontró. Mientras un doctor atiende a un extraño durante sus vacaciones, gracias a un juramento realizado el día en que se graduó, un padre se olvida de su hijo por atender a los amigos que lo esperan con licor. Ah, cierto, el doctor es millonario; en cambio tu hijo no te tiene una remuneración.
Los seres humanos hacemos planes con el corazón, pero cuando los problemas llegan, el dinero todo lo justifica y resuelve con una transacción. Si aún no crees que tu vida es una empresa, comienza a verla con seriedad y planifica definiendo misión, visión, políticas, valores y hasta el perfil de los socios con quienes deseas invertir; recuerda que las oportunidades son escasas y el compromiso es lo único que te permitirá siempre seguir adelante. La vida no es un juego, requiere de corazones fuertes que estén dispuestos a luchar con una sólida convicción. Una persona comprometida siempre encontrará una razón y una solución para continuar; en cambio un oportunista siempre encontrará una excusa para justificarse. ¿Cómo saber con qué comprometerse? Enfócate en lo que sientes y no en lo que obtienes con aquello que haces.
Por: María Angélica Vega Aroca
Psicóloga
