COLUMNA

¿Aplaudir a Hitler?

Miguel Aroca Yepes reflexiona sobre el Holocausto, la figura de Adolf Hitler y los peligros de renunciar al pensamiento crítico para seguir ideologías, líderes o consignas que terminan alimentando la intolerancia y la violencia

Miguel Aroca Yepes - Columnista de EL PILÓN

Miguel Aroca Yepes - Columnista de EL PILÓN

canal de WhatsApp

Aplaudir a Adolfo Hitler no tiene otro mérito que la estupidez de exterminar seis millones de judíos, suceso que describe la historia como el holocausto, pero lo absurdo es que lo haya aplaudido la gente buena: médicos, profesores, pastores e intelectuales que renunciaron a usar su juicio propio para entregar la capacidad de pensar a un líder, a un grupo, a un eslogan, a una ideología, a un movimiento político.

La condición humana es la misma y trasciende los tiempos y las generaciones. No es sino estudiar a Dietrich Bonhoeffer, un pastor cristiano alemán que desempeñó un papel importante en el movimiento de resistencia contra el nazismo, conspiró contra Hitler y fue ejecutado a los 39 años, tras ser arrestado y encerrado en un campo de concentración Nazi. El estúpido es instrumento de otros sin saberlo y se siente del lado correcto.

Gente que repiten eslóganes sin saber de dónde vienen, comparten titulares sin leer el artículo, gente que odia a personas que nunca ha conocido porque alguien les dijo que eran el enemigo, a sabiendas de estar en el error y el horror, hipotecan su inteligencia y son arriados como rebaños sin voz. Lo había advertido Martin Luther King: “Ya no me horrorizan los actos malos de la gente mala, pero sí me horroriza tanta indiferencia de la gente buena”.

La estupidez no se cura con educación, no se cura con información, no se cura con mejores argumentos, se cura con coraje, porque no fueron los monstruos que destruyeron a Alemania, fueron millones de personas que entregaron su criterio a una trama, no a una proclama de patria libre y democrática, regida por el pensamiento hitleriano: “Si quieres conseguir la simpatía de las multitudes debes entonces decirle las cosas más estúpidas y crasa.

En el holocausto de Hitler el acto más terrible de los Nazis fue privar a los judíos del consuelo de sentirse inocentes, porque los obligaron a mancharse con la sangre de su propia raza, matándose entre sí, en un contexto de supremacía racial, para refrendar a Ernesto Sábato: “Los grupos, las sectas, las cofradías y los gremios en general son conglomerados con atributos grotescos, maligno, perverso, bellaco, carente de modales y sin persona humana, poseedora de atributos físicos, espirituales, emocionales e intelectuales.

La vanidad de creerse superior la Alemania Nazi de Adolfo Hitler no solo convirtió en víctimas a los judíos sino también a millones de polacos, comunistas y otros sectores de la izquierda política, homosexuales, gitanos, discapacitados físicos y mentales y prisioneros de guerra soviéticos.

A lo largo del Holocausto se produjeron episodios de resistencia armada contra los nazis. El ejemplo más notable fue el levantamiento del gueto de Varsovia de 1943, cuando miles de combatientes judíos mal armados se enfrentaron durante cuatro semanas a las SS, la organización paramilitar, policial, política, penitenciaria y de seguridad al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo este relato conecta con el pensamiento de George Santayana en su célebre frase: “Olvidar la historia condena a los pueblos a repetirla”, pero es la misma sociedad la de ayer y la de hoy, con valores invertidos y envilecida, subsumida en los 5 grandes enemigos de la humanidad: la ambición, la avaricia, la envidia, la ira y el orgullo.

Se ha tomado la cifra simbólica de seis millones de muertos en torno a la comunidad judía, pero se estima que, en total, murieron un mínimo de 11 millones de personas y, de ellas, un millón habrían sido niños, el mayor genocidio del siglo 20, historia que podría ser peor en el siglo 21, cuyo período comprende entre el 1 de enero de 2001 y el 31 de diciembre de 2100, en el umbral de la Tercera Guerra Mundial, y todo por cuenta de la pestilencia del poder, exacerbada por la actitud demencial de la soberbia, la arrogancia y la prepotencia.

Por: Miguel Aroca Yepes

Temas tratados
  • Adolf Hitler
  • Dietrich Bonhoeffer
  • George Santayana
  • holocausto
  • Martin Luther King
  • Memoria histórica
  • Miguel Aroca Yepes
  • nazismo
  • pensamiento crítico
  • Segunda Guerra Mundial

TE PUEDE INTERESAR