Para el 99,9 % de los incautos ¡Uribe y Santos se odian! O, para ser más específicos, Uribe odia a Santos y se lo heredó a sus simpatizantes y seguidores; no solo odiarlo sino a todo lo que “huela” a Juan Manuel, y no hay mejor prueba que el odio visceral que sienten los uribistas al proceso de paz y de paso a la JEP, pero la pregunta honesta que debieran hacerse es: ¿existe tal odio?
Tal vez no alcance el espacio y deba usar otra columna para terminar mi idea respecto a un mito que se ha formado a través del tiempo sobre esa supuesta enemistad entre los dos exmandatarios, y tal vez sí haya animadversión de Uribe hacia Santos, pero más arriba de la pirámide del poder, a los jefes de Uribe y de Santos, les importa un pepino ese supuesto odio y por eso los movimientos en el ajedrez político en estas elecciones están dejando a más de uno desconcertado y tirando por el piso cualquier vaticinio sobre lo que suceda en la segunda vuelta presidencial, incluido yo, por supuesto.
Hoy, en el panorama político, solo hay dos fuerzas que se van a enfrentar al final: la izquierda, cerrada todo alrededor de Cepeda, y la derecha: alrededor de lo que pase con los candidatos Paloma y el abogado candidato. Y todo indicaría que la ungida será Paloma Valencia, que aglutina en sus filas a toda la derecha no uribista y, ¿quién lo creyera?, una mayoría santista. Sí, señores, la campaña de Valencia no solo está estructurada en su mayoría por líneas santistas, sino que también depende de esta para un eventual triunfo o ¿no me digan que no se habían dado cuenta? ¿No me creen? De la lista de precandidatos que estaban en la gran consulta, más de la mitad pertenecen a las fuerzas del expresidente Juan Manuel. ¿Irónico y extraño, verdad? Yo también puse esa cara.
Pero sigamos con el análisis; si yo les dijera que el proyecto Álvaro Uribe en 2002 lo estructuró, lo lideró y lo gestó Juan Manuel Santos y lo ratificó en 2006 creando un partido con la inicial del apellido de Uribe, ¿ustedes qué me dicen? Además de decirme que estoy hablando locuras y opinando de lo que no sé, por supuesto, para la muestra varios botones: tanto Armando Benedetti como Roy Barreras eran alfiles uribistas direccionados por Santos y, luego del distanciamiento de Uribe de éste, tanto Roy como Benedetti tomaron partido al lado de Santos. Lo que indicaría que cuando Uribe se dio cuenta de que quien realmente ostentaba el poder era Santos y sus socios y no él, ahí fue donde nació dicho odio. Olvídense de que fue porque Santos “dizque le entregó el país a las Farc”; este es el pretexto. Y para terminar de divagar: ¿ustedes saben quién es el autor intelectual del proceso de la parapolítica, y también saben cuál senador fue la estrella de ese proceso que le valió la cárcel al 30 % de los congresistas aliados a Uribe?
Y, finalmente, también saben: ¿quién es el autor intelectual del triunfo de Gustavo Petro en 2022?
Entonces, Juan Manuel Santos tiene en sus manos la campaña de Paloma Valencia por donde se mire, y es por ello que el expresidente Uribe (O sus socios) lanzan un “globito” con el abogado candidato tratando de generar una presión y una candidatura propia que no les va a alcanzar porque todo el establecimiento conservador y la élite política y económica estará con Paloma Valencia. Ahora, la pregunta obligatoria acá sería: ¿y entonces dónde queda Roy que viene siendo el preferido de Juan Manuel? Pero más aún: ¿Petro estaría incumpliendo los acuerdos hechos alrededor de Roy? Aquí es donde la cosa se pone “color de hormiga”, porque si algo sabe Juan Manuel es cumplir sus compromisos políticos. Con infiltrar la campaña de Paloma, llevar candidato propio en cabeza de Murillo y mandarle mensajes claros a Petro, que insiste tercamente con Cepeda como “su candidato”, Santos se consolida como el futuro ganador, otra vez, de las elecciones de 2026. ¿Irónico verdad? Pues no, es estrategia pura y dura y Juan Manuel es mi héroe. Esta historia continuará…
Por: Eloy Gutiérrez Anaya
