COLUMNA

Los regalos de Dios

Cada regalo que obtenemos, así como la vida que se nos ha dado, es un obsequio con fecha de caducidad, la cual no conocemos, porque Dios desea que nuestra mirada esté en él, y no en los obsequios que nos da.

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En ocasiones sentimos una profunda tristeza, depresión o ansiedad por situaciones que dividen nuestra vida en dos, sin aparente lógica o explicación. No existe psicólogo, psiquiatra, medicamento o meditación que nos permita aceptar, comprender o continuar con nuestra vida después de la muerte de un ser querido, que además de llenarnos de dolor, llega con sombras como la culpa o el arrepentimiento.

Si soy una buena persona, ¿por qué me ocurren cosas malas? Si mi hijo era muy joven, ¿por qué tuvo que morir? Si mi padre era tan bueno, ¿por qué se fue tan pronto? En ocasiones olvidamos que llegamos al mundo sin haberlo pedido y nos vamos sin haberlo deseado; y todo lo que ocurre entre ambas fechas son milagros que no buscan ser explicados. Si tu vida está basada en Dios, y crees a viva voz que no se mueve ni la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios, comprenderías que no existen situaciones malas: tan solo es Dios mostrándonos una vida diferente con cada cambio que hace en nuestro camino. Es difícil comprenderlo y aceptarlo, sí, pero cuando una vida se va, significa que quienes se quedan una nueva vida deben iniciar.

A veces Dios nos quita para que veamos cosas e interactuemos con situaciones que, sin habernos alejado de aquello tan querido, jamás lo hubiésemos hecho. La creación de Dios lo incluye todo, y cada regalo que obtenemos, así como la vida que se nos ha dado, es un obsequio con fecha de caducidad, la cual no conocemos, porque Dios desea que nuestra mirada esté en él, y no en los obsequios que nos da.

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