Dicen que los hechos son tozudos; es verdad, los resultados electorales recientes así lo confirman. La primera conclusión es que el abstencionismo cubre a media Colombia; la mitad decidimos por todos, sobre todo por ese medio país que ha perdido la esperanza.
La segunda es que este es un país de derechas; Echandía decía que era un país de cafres y podemos agregar que es un país de mierda. En las elecciones presidenciales se vota por emoción y en las territoriales sin razón. En materia ideológica y de análisis crítico avanzamos lentamente, la izquierda mantuvo casi los mismos guarismos electorales del 2022, las manifestaciones multitudinarias que convoca el presidente Petro se diluyen en las elecciones territoriales; y, pese a incrementar la representación en el Congreso, la consigna 55/86 está muy lejos, las mayorías en ambas cámaras las tiene la derecha.
En los pequeños partidos, aliados hipotéticos, hay muchos Teodolindos. Si Cepeda gana le tocará vivir el mismo periplo de Petro, las reformas y propósitos gubernamentales le serán negadas con el agravante de que Cepeda no es Petro. Podemos afirmar que el uribismo está vivo pese a todos los procesos judiciales sufridos por su jefe y mentor; parece que los conceptos de fuerza y seguridad vinieron a quedarse, el paramilitarismo de corbata está vigente.
Creía que el Centro Democrático perdería curules en el Senado por la ausencia de figuras de mayor relieve, pero se comprobó que los votos son de Uribe, no de sus marionetas. Más, cuando Uribe ya no esté, el CD morirá; así pasó con el gaitanismo. Aunque el CID Campeador ganó batallas después de muerto. Algo positivo fue el entierro de figuras como Katherine Miranda y Angélica Lozano, brazo derecho de los Verdes, pero también perdió Inti Asprilla, quizás por su tibieza.
Cambio Radical, con Lina Garrido, Motoa y otros, casi desapareció; ahora Vargas Lleras tendrá que dedicarse a las EPS. También nos libramos de Paulino Riascos, Polo Polo y otras sabandijas congresales; sin embargo, por esos absurdos del comportamiento electoral de muchas personas, JP Hernández, un manguito de nuevo tipo, misógino y grosero, fue reelegido y hasta la Juvinao.
Una figura que se extinguió como una pavesa fue Jorge E. Robledo, el otrora reconocido senador. Su ego y soberbia le impidieron reconocer que Petro le superara en talento y propósitos, eso lo desvió del camino llegando al lugar equivocado. Hace rato padecía de una enfermedad crónica llamada “ideologitis”; será velado en la Funeraria El MOIR. El partido de “Fico” Gutiérrez, “Creemos”, no clasificó y perdió la personería; además, Antioquia está llegando a los cuatro representantes del Pacto. En La Guajira y Chocó tierras consentidas por Petro, el PH perdió. Ojo Cepeda.
Algo por destacar fue la consigna oficial de solo votar “Pacto” que confundió al elector; el mensaje era que fuera del Pacto no había salvación, olvidando el concepto de Frente Amplio, FA, que el mismo Petro había ideado argumentando que con el 30 % del Pacto Histórico, PH, no era posible ganar. Coherente con esto, en una asamblea de la Colombia Humana, Petro anunció su renuncia al partido si los ortodoxos de la Colombia Humana insistían en la pureza ideológica. Este mensaje subliminal hizo que todas las listas con franquicia FA perdieran porque no las identificaron como del progresismo.
Esto ha producido malestar en muchos sectores del progresismo que podría impactar las aspiraciones de Cepeda; por afectar a Roy lo hicieron con otros. Lo raro es que esta consigna no se impartió para las elecciones de gobernaciones y alcaldías de 2024 cuando los candidatos del PH quedaron huérfanos y solo se ganó la Gobernación de Nariño. Y, ¿por qué ahora sí se podía ganar? Para esas calendas, Petro creía que podía negociar con la derecha para que le aprobaran las reformas. Dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo, pero esta vez no fue así.
Por Luis Napoleón de Armas P.
