Dicen que los hechos son tozudos; es verdad, los resultados electorales recientes así lo confirman. La primera conclusión es que el abstencionismo cubre a media Colombia; la mitad decidimos por todos, sobre todo por ese medio país que ha perdido la esperanza.
La segunda es que este es un país de derechas; Echandía decía que era un país de cafres y podemos agregar que es un país de mierda. En las elecciones presidenciales se vota por emoción y en las territoriales sin razón. En materia ideológica y de análisis crítico avanzamos lentamente, la izquierda mantuvo casi los mismos guarismos electorales del 2022, las manifestaciones multitudinarias que convoca el presidente Petro se diluyen en las elecciones territoriales; y, pese a incrementar la representación en el Congreso, la consigna 55/86 está muy lejos, las mayorías en ambas cámaras las tiene la derecha.
En los pequeños partidos, aliados hipotéticos, hay muchos Teodolindos. Si Cepeda gana le tocará vivir el mismo periplo de Petro, las reformas y propósitos gubernamentales le serán negadas con el agravante de que Cepeda no es Petro. Podemos afirmar que el uribismo está vivo pese a todos los procesos judiciales sufridos por su jefe y mentor; parece que los conceptos de fuerza y seguridad vinieron a quedarse, el paramilitarismo de corbata está vigente.





