En Plato, uno de los lugares mayormente poblados en esta área geográfica, cuentan con voz de verdad una leyenda que rodea al acordeonista Eusebio Castro, a quien llamaban ‘El Hombre’, y de quien aseguran que tras aprender a interpretar el acordeón, el que su padre canjeó por comida con el capitán de un barco, sorprendió a los habitantes de ese lugar un 8 de diciembre, mientras la efigie de la virgen de la Candelaria era llevada por las calles.
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Los participantes de la procesión huyeron despavoridos cuando escucharon, por primera vez, el instrumento, lo asociaron con un sonido diabólico. Castro debió explicarle al sacerdote, que presidía la ceremonia, las razones que lo llevaron a interpretarlo en esa oportunidad.











