En el 2020, el Cesar celebró sus 53 años como ente departamental y es necesario evaluar su accionar público y privado desde la mirada de algunos indicadores básicos representativos de lo económico y lo social en comparación con algún departamento líder o testigo, y frente al país, como también la comparación de su capital. Es la única forma de saber cómo estamos y si vale la pena celebrar.
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En los primeros años de su creación, el Cesar tuvo una dirigencia cívica y político-económica que le imprimió bríos, entusiasmo y empoderamiento que contagiaban; se acuñó el concepto de “departamento piloto” y así lo creíamos. Para esas calendas, el sector agropecuario era dinámico y gran generador de empleo, y por años fue nuestra insignia. Valledupar llegó a ser la capital algodonera de Colombia, amén de un gran productor de arroz; antes de la fiebre del algodón, nuestro hato ganadero era de los más grandes del país, faro de nuestra economía; más, la fiebre algodonera que inundó de pesticidas y maquinaria pesada nuestro campo y ambiente, alteró nuestra lógica económica que se ralentizó, sobreviniendo una profunda crisis pese a que se decía que el algodón era el oro blanco.











