HISTORIAS

La última parranda que compartieron tres parranderos de élite

Tobías Enrique Pumarejo, Luis Enrique Martínez y Chema Martínez compartieron el 3 de julio de 1994 en Ciénaga, Magdalena, durante el bautizo de la nieta de Pumarejo, en un evento que se convirtió en inolvidable.

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Como un mes antes del bautizo en Ciénaga (Magdalena) de Carolina, la hija mayor de Juan de Dios Pumarejo, uno de los hijos de Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez, Don Toba, mi suegro, Juancho me dijo que con una parranda que amenizaría Chema Martínez, el hermano de Luis Enrique Martínez, “El Pollo Vallenato”, iba a celebrar el bautizo de Valeria. A lo que dije, y por qué también no llevas a Luis Enrique, ya que tú papá va a hacer el padrino de bautizo de tu hija, lo que sería una agradable sorpresa para él, al encontrarse con la presencia de estas dos figuras prominentes de nuestro folclor, con la que compartió tantas parrandas y con los que hace tantos años no ha vuelto a parrandear. A lo que Juancho me respondió: “Sabes que sí, me parece muy buena idea”.

Retrospectiva

Unos años antes de que a Tobías Pumarejo le aparecieran los primeros síntomas de demencia senil, la que le afectó, en especial, la memoria de corto plazo, muy poco la de largo plazo, y mucho menos su memoria musical, la que mantuvo en buen estado hasta meses antes de su fallecimiento en Barranquilla el 8 de abril de 1995.

Por ese entonces, en mis frecuentes visitas a Pumarejo a El Copey con su hija Luz Helena, cuando Tobías Enrique salía a visitar a sus amigos, a escondidas, aprovechaba para curucutear uno de sus baúles en el que, entre otros detalles significativos, guardaba en un orden riguroso muchas de las letras de sus canciones y algunas correspondencias valiosas. De su contenido, repleto en su mayoría de las letras de sus composiciones que a lo largo de su vida escribió a mano, aunque un buen número de ellas por descuido las dejó sin fechas, lugar donde las escribió o sin nombres, de ese cúmulo de canciones sólo pude escarbar la superficie. Durante sus cortas y medianas ausencias, a la carrera y con cierto nerviosismo para que no me fuera a sorprender con las manos en la masa, de ese baúl fui sacando las letras de sus composiciones, de las que la gran mayoría de ellas desconocía, y las que, desde hacía mucho tiempo habían dejado de hacer parte de su repertorio habitual. Letras que a la carrera empecé a copiar para volverlas a colocar tal cual en el sitio en las que las había tomado.

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