CRÓNICA

Todos lo criamos 

Por considerarlo de interés público, EL PILÓN, autorizado por su autor, ha tomado de la Revista Cambio la reflexión sobre los valores de crianza, del escritor Daniel Samper Pizano, publicada este fin de semana.

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Hay quienes critican a Gustavo Petro aquella frase que pronunció al saber que su hijo Nicolás se había metido en líos: “Yo no lo crie”. En manos de un psicoanalista, la sentencia resultaba un cóctel explosivo de Freud y Lacan. Y a los ojos de la opinión pública era una manera bastante cruel de lavarse las manos en un caso que ha ido engordando hasta amenazar la estabilidad política del país y brindar a la extrema derecha un arma de ataques personales e institucionales.

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Convengamos en que la frase fue desafortunada. Desafortunada, sí, pero no equivocada. 

Para criar a sus vástagos, los padres deben luchar cada vez más contra fuerzas que debilitan su autoridad y socavan el papel formador de la ley, la escuela, la sociedad, los libros, el espíritu cívico y otros factores aliados. Dependerá de cada caso, de cada comunidad y de cada familia, pero no cabe duda de que la tecnología ha desplazado los valores que deberían infundir los taitas a sus críos. Los niños y los jóvenes pasan hoy más tiempo esclavizados por las pantallas, las redes sociales (y antisociales), los videos ridículos, la televisión, el streaming y las plataformas que guiados por padres, madres y maestros.

Los mensajes cotidianos que envía la sociedad de consumo son profundamente materialistas y perturbadores. El más insistente identifica al éxito con la riqueza. En la cúspide del altar brilla el poder de la plata. Su desaforada capacidad de adquisición empieza en artículos banales, pero tiene entre ceja y ceja al poder político. Lo dijo el filósofo brasileño Millôr Fernandes: “El dinero es el invento más violento de la historia”. La riqueza ha servido para todo: para comprar mando, estatus, amores, bienes, prestigio y hasta salud. Don Francisco Quevedo repetía hace cuatro siglos: “Poderoso caballero es Don Dinero”.

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