Una mujer sabia del pueblo Misak, refiriéndose a la oralidad ancestral de su etnia, decía: «Nuestro pasado es el presente». La profundidad de esta aseveración, más la insinuación de un amigo que me pidió escribir sobre este tópico, me llevan a tratar de explicar en este texto corto lo que entiendo por «memoria colectiva», su importancia para los pueblos y el por qué hay que custodiarla.
Pensamos en el tiempo como una línea que parte del pasado, llega al presente y continuará hacia el futuro; en el caso de la memoria colectiva no lo es, en ella hay una especie de superposición permanente para formar el constructo social en que se basa la cohesión, el tejido social del territorio.
Es que el pasado siempre es un estadio temporal inconcluso que en la línea de tiempo se va construyendo y tomando forma en el presente como un porvenir subjetivo donde se crea y re-crea un imaginario histórico-social en que se basa la memoria colectiva de los individuos que pueblan un territorio, dotando de sentido el presente y moldeando la identidad de la comunidades.











