Él era el hombre que más sabía sobre el río, tanto que aún se afirma que no nació en una de sus orillas, sino que fue ‘parido’ por el Magdalena. Pero no solo se dice que era su madre, también que fue su tumba.
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Anciano y casi ciego, en medio de un atardecer se embarcó en su canoa, bogando partió río arriba. Los que lo vieron aseguran que lo arropó una bruma espesa, frente al barranco del turco Dager, y de ella no volvió a salir. Eso sucedió hace más de treinta años y no se ha vuelto a tener noticias sobre él. Acá quedan sus historias y personas que te la cuentan. Eso me dijo el profesor Pablo Emilio Jiménez cuando sentados en el atrio de la iglesia me habló de Lonchito.











