POR JUAN RINCÓN VANEGAS/ESPECIAL PARA EL PILÓN
Aquella vez, hace exactamente 40 años, la inspiración le llegó al compositor Roberto Alfonso Calderón Cujia unida a los pronósticos de las cabañuelas, pero no aplicada a los métodos tradicionales de predicción meteorológica de los campesinos, sino a que las lluvias de amor aparecieran pronto para sofocar el calor del olvido y darle la esperanza oculta en su pensamiento.
Era una razón valedera para el hombre enamorado al notar como la mujer que amaba se estaba perdiendo en el adiós del destino. Entonces, siendo práctico y después de darle vueltas al primer verso, lo consignó de la siguiente manera. “Ya llega enero y estrenando el año rostros alegres de esperanzas sueñan, y comparé mis sentimientos con las cabañuelas, y dibujé mi corazón como cuarteada tierra, que haya tierra mojada”.











