Este no fue un sueño triste como el de Calixto Ochoa. Fue un sueño agradable en un cuarto particular, ubicado en el centro de una tarima. Desde allí Carlos Alberto Vives Restrepo hizo un paseo de dos horas por la historia de su vida musical.
Todo comenzó cuando el compositor e investigador Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, sentado en una mecedora, y aprovechando que el artista dormía plácidamente en su cama, hizo un rápido recuento de la historia de Valledupar, y uno de sus grandes tesoros, la música vallenata.
Al Carlos Vives despertar sintió que estaba en el corazón de Macondo, y ya sentado, no sabía por dónde comenzar a hilvanar esa madeja de alegrías cantadas y algunos rechazos que no lograron frustrar sus anhelos de convertirse a su estilo en cantor de vallenatos.











