CRÓNICA

La música vallenata se “curucutea” en los fuelles de un acordeón

La gran fortaleza de la música vallenata es haberse anidado en Valledupar, una ciudad donde se trabaja cantando.

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La música vallenata se “curucutea” en los fuelles de un acordeón

La música vallenata se “curucutea” en los fuelles de un acordeón

Por: Juan

@el_pilon

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“No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”, dijo Gabriel García Márquez, para significar las bondades emocionales que produce un buen vallenato tocado en una parranda. El Premio Nobel de Literatura, conocedor como nadie de nuestros juglares, le expresó al mundo que su libro ‘Cien años de soledad’ era un vallenato de 350 páginas.

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Excelente manera para exaltar una música que nació en los corrales de distintos caseríos de la costa Caribe colombiana, que interpretaban con su acordeón hombres campesinos curtidos por el sol y las labores propias de su entorno, en cuyo descanso divulgaban cantando los mensajes de la cotidianidad.

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